24 de desembre, 2008

Fundacio Alfonso Comín: 25 anys, 25 premis

Aquest és el meu regal de Nadal d’aquest any per als lectors del blog. L’any 1983 una sèrie d’amics i col·laboradors de l’Alfonso Comín, el meu pare, van decidir tirar endavant una Fundació que servís per mantenir viva la seva obra, el seu testimoni, el seu pensament i les seves causes. Durant els darrers 25 anys la Fundació ha complert de manera apassionada amb aquest objectiu, fidel a les idees i a l’exemple d’aquell de qui porta el nom, i ho ha pogut fer fonamentalment gràcies a la seva presidenta, la Maria Lluïsa Oliveres, companya de vida de l’Alfonso -i mare dels seus fills-. Ella ha estat, durant tot aquest temps, l’ànima de la Fundació –i també el cos!-.

Una de les activitats més conegudes de la Fundació és el Premi Internacional que concedeix anualment i que recau en persones, organitzacions o pobles el compromís, la tasca o la lluita dels quals hagin estat afins als de l’Alfonso i que, d’alguna manera, creiem que haguessin despertat el seu recolzament o la seva admiració. El Saló de Cent de la ciutat ha acollit, any rera any, algunes tardes memorables i irrepetibles, gràcies al discurs i a la força d’uns premiats que ens han deixat un record inesborrable. Aquest any, el dia del lliurament del Premi, la Fundació va voler celebrar el 25è aniversari del Premi i de la pròpia Fundació amb un llibre que fa un recorregut pels 25 guardonats i amb un breu power point que recull els 25 actes de lliurament.

Us ofereixo avui, dia 25, el power point dels “25 anys, 25 premis”. Crec que és impossible un missatge de Nadal millor que aquest. Les causes i les persones premiades parlen per si soles. Felicitats Fundació!

Bon Nadal a tots i pau a la terra als homes de bona voluntat. Aquell que acabarà per salvar-nos ja fa temps que va néixer!
Presentació Premi 08 2
View SlideShare presentation or Upload your own.

22 de desembre, 2008

L'homosexualitat i la religió cristiana (1/5)

Comencem avui la sèrie de cinc articles promesa en el darrer post (recordeu que es tracta d’articles publicats a “El Ciervo” entre finals de 2006 i principis del 2007).

Per cert, just ahir el fiscal de Califòrnia i ex governador demòcrata de l’Estat, Jerry Brown, es va pronunciar en contra de la Proposició 8 –l’esmena constitucional que prohibeix expressament les bodes homosexuals. Tot i que expressi la voluntat de la majoria dels electors –ve a dir- viola el dret constitucional a la llibertat: “El procés d’esmena no pot ser empleat per acabar amb drets constitucionals sense una justificació convincent”. Va a ser un argument similar al de l’article que teniu a continuació: contra el què afirmen els conservadors, no és que hi hagi dubtes sobre la constitucionalitat del matrimoni gai, sinó que podem afirmar, sense risc d’equivocar-nos, que la prohibició del matrimoni entre persones del mateix sexe és directament inconstitucional. Brown, com veieu, va més enllà i s’atreveix a afirmar que els drets constitucionals estan per sobre, fins i tot, de la voluntat de la majoria. Bravo, Brown!

(Aprofito també per avisar-vos que, just pel dia de Nadal, aquesta serie mongràfica de cinc articles serà interrompuda per un post diferent, que vol ser el meu particular “regal de Nadal” per tots els lectors del blog.)


No discriminación y ética evangélica

Con permiso del paciente lector, proseguimos con nuestra serie de artículos dedicados al debate entre el catolicismo conservador y las fuerzas progresistas a propósito del matrimonio homosexual. Según las encuestas, son muchos los cristianos españoles, más o menos izquierdas, que están más de acuerdo con la posición de los partidos que votaron a favor de la reforma que con la cúpula episcopal. Muchos de ellos lo están, no en virtud de su ideología más o menos progresista, sino fundamentalmente en virtud de su comprensión y vivencia del Evangelio. Somos muchos los cristianos que consideramos que está más cerca de la moral evangélica la reforma emprendida por el gobierno y sus socios, que la propia postura episcopal. Deshagamos malentendidos, ya sean involuntarios o malintencionados. Esta reforma que permite el matrimonio entre cónyuges del mismo sexo supone, simple y llanamente, acabar con una discriminación, todavía vigente en España, en función de la orientación sexual de las personas.

Hasta ahora el ordenamiento jurídico español prohibía el acceso al matrimonio a aquellas personas que sienten atracción, afecto u amor por otras personas de su mismo sexo. Una discriminación que, de hecho, está en contra de los principios jurídicos básicos de nuestro ordenamiento constitucional (artículo 14), que prohíbe la discriminación “por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia
personal o social”.

Aclaremos bien este punto. El matrimonio es una unión libremente consentida entre personas adultas, en principio basada en algún tipo de afecto u amor, que deciden cuidar el uno del otro y entablar algún tipo de convivencia. Esto es lo que regulan los artículos 44 a 71 del Código Civil. Léanlos. No forma parte de la institución matrimonial civil la posibilidad de que la pareja pueda “tener hijos biológicos entre sí.” Y esta posibilidad es la única que queda fuera del alcance de una pareja de personas del mismo sexo. Por cierto: una pareja homosexual puede tener hijos conjuntamente por medio de la adopción, pero no hijos biológicos. Igualmente, los miembros de una pareja homosexual pueden tener hijos biológicos –siempre que la naturaleza no lo impida, cosa que nada tiene que ver con su orientación sexual– pero no dentro de la pareja, sino con un tercero o tercera.

Que la legislación no condiciona el matrimonio civil a la procreación biológica entre sus miembros es tan evidente como que los matrimonios entre personas que libremente deciden no tener hijos, o aquéllos en los cuales al menos una de las dos partes es estéril, o aquéllos en los cuales una o las dos partes ya no están en edad de procrear son tan válidos, desde el punto de vista jurídico, como el resto.

Algunos juristas conservadores niegan esta desvinculación entre matrimonio y procreación. Así, hay quien ha hablado de una “institución tendencialmente orientada a la procreación”, o quien argumenta que la procreación debe ser una condición, si no efectiva, sí al menos potencial, del matrimonio. Pero no hay nada en el Código Civil que induzca a pensar así. En los límites que pone esta ley a la institución matrimonial ven aquéllos las pruebas necesarias de su posición.

¿Cuáles son estos límites? La minoría de edad de alguna de las partes, el no consentimiento de una de las partes o el consentimiento bajo coacción, la consanguineidad y la poligamia o la poliandria.

La mayoría de edad tiene que ver con la autonomía moral de los contrayentes, y no con su madurez sexual. La no consanguineidad no indica que la procreación biológica sea condición necesaria de la institución; simplemente garantiza que en caso que la institución sirva a la procreación, ésta evite degeneraciones naturales.

En cuanto al hecho de que el matrimonio tenga que estar formado por dos personas y no más, no tiene por qué indicar complementariedad biológica, sino una cosa más básica como es la complementariedad afectiva (artículos 67 y 68).

El argumento en contra el matrimonio homosexual a nuestro entender más fundado lo expuso, entre otros, un ex presidente del Constitucional, Rodríguez Bereijo, para el cual la Constitución –y, en consecuencia, el Código Civil que en ella se funda– “no establece el derecho al matrimonio sino el reconocimiento de la institución civil del matrimonio”. El artículo 32 de la Constitución sería en realidad “una garantía constitucional para que una institución civil no se pueda alterar o manipular por el legislador ordinario”. Eneste caso, debe entenderse que hay una institución civil que es previa al propio Derecho positivo. ¿Entonces, quién establece el contenido de la misma? ¿La sociedad? ¿La tradición? Perfecto: es la sociedad española la que hoy reconoce, sin mayor problema, la igualdad entre homosexuales y heterosexuales a la hora de quererse y de regular su convivencia. Las tradiciones, en efecto, cambian. Es nuestra sociedad la que ha ampliado su definición del matrimonio, ella la que lo desvincula de la procreación biológica entre sus miembros.

Si lo único que distingue una pareja heterosexual de una pareja homosexual –la posibilidad de la procreación biológica entre sí– no forma parte de la institución matrimonial civil, entonces no hay nada en esta institución que quede fuera del alcance de una pareja homosexual. Todo lo que el Código Civil vigente prescribía hasta ahora para los cónyuges de distinto sexo es perfectamente aplicable a las parejas del mismo sexo. Ningún contenido efectivo del matrimonio civil era inaccesible a las parejas homosexuales, pero esta institución les estaba vedada, única y exclusivamente, en razón de su orientación sexual, hecho que parece atentar contra el principio de no discriminación y de igualdad de todos los ciudadanos. En realidad, lo único que ha hecho el gobierno con esta reforma no es más que acabar con una incongruencia de nuestro ordenamiento jurídico. Si en algún punto la ética cristiana y la ética laica, esto es, la ética civil de una sociedad democrática coinciden es éste: la defensa de la igualdad de derechos y de deberes, y la lucha contra toda forma de discriminación que atente contra este principio.

Por este motivo, diría, deben ser tantos los cristianos españoles que han saludado positivamente la reforma del matrimonio civil, no por ser ciudadanos más o menos de izquierdas, insistimos, sino simplemente por ser fieles seguidores del Evangelio.

EL CIERVO / ENERO 2006

16 de desembre, 2008

Quina Creu! (L'homosexualitat i la religió)

Les darreres setmanes els mitjans ens han proporcionat diversos titulars que tornen a posar sobre la taula el conflicte entre el cristianisme més tradicional i els drets de les persones homosexuals. Primer va ser als EEUU. Entre tanta eufòria per la victòria d’Obama ens va passar desapercebuda la notícia negra de la jornada: els mateix dia de les eleccions presidencials, a Califòrnia guanyaven en referèndum els partidaris de suprimir els matrimonis homosexuals de la Constitució de l’Estat. Un referèndum promogut pels republicans que, com de tots és sabut, compten entre les seves files molts grups cristians neotradicionalistes i ultraconservadors. Pocs dies després, el cardenal Rouco declarava que “habría sido bueno hacer [en Espanya] un referéndum como en California”, s’entén que per revocar els matrimonis gais al nostre país.

Pocs dies després, esclatava la polèmica per les declaracions de la reina Sofia en el llibre de confessions a Pilar Urbano. La reina afirmava “comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra tendencia sexual (...) Si esas personas quieren vivir juntas, vestirse de novios y casarse, pueden estar en su derecho, o no, según las leyes de su país: pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles: contrato social, contrato de unión. Es respetable que los homosexuales se casen, pero que a eso no lo llamen matrimonio”. Molts van jutjar les paraules de la reina com l’opinió previsible d’una dona de la seva generació, formada en la moral catòlica tradicional. Per la meva part, ja vaig dir en el seu moment que si les objeccions de la reina se centren només en el nom, ja tenim molt guanyat. Sens dubte, és una posició molt més avançada que el cardenal arquebisbe de Madrid!

Per últim, fa a penes uns dies ens assabentàvem esparverats que el Vaticà s’oposava a una proposta de l’ONU per despenalitzar l’homosexualitat. D’acord amb el resum d’un diari digital: “Criminalizar a los gays es malo, pero despenalizar la homosexualidad es peor. Así ha respondido el Vaticano a la propuesta francesa para que la ONU abogue por la despenalización de la homosexualidad en el mundo. Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede, rechazó la iniciativa de Francia (en nombre de la Unión Europea) para que Naciones Unidas obligue a determinados países a dejar de considerar como delito las relaciones entre personas del mismo sexo.” Una actitud molt cristiana la del Vaticà, sens dubte! Les organitzacions gais de tot el món s’ha manifestat aquests dies, carregades de raó, contra la jerarquia de l’Església catòlica, per fer pinya a l’ONU amb els països islamistes que encara avui castiguen l’homosexualitat amb la pena de mort.

El cristianisme conservador té una fixació amb la sexualitat en general i amb l’homosexualitat en particular. Es tracta d’una veritable heretgia moral... entre d’altres coses, als Evangelis es parla molt poc de sexe i, en canvi, es parla molt de rics i pobres. Pel que fa als homosexuals, és sospitosa la pertinàcia del Vaticà a no entendre que allò que compta per a qualificar les relacions de parella -al menys pel que fa a la moral evangèlica- no és el gènere dels seus membres, sinó l’amor genera, mou i recrea la relació. Algun dia, els nostres bisbes i cardenals, si deixen de reduir les relacions a la seva dimensió estrictament genital, ho entendran, no en tinc cap dubte.

Aprofitant que el tema torna a estar sobre la taula, he recuperat una sèrie d’articles que vaig dedicar a aquest tema –el conflicte entre els drets dels homosexuals i el cristianisme tradicional- a la revista El Ciervo ara ja fa dos anys. Realment, alguns no han avançat gaire des de llavors. Per sort, el què sí avancen són les lleis, que al final és el que més compta.

Són cinc articles i els aniré publicant al llarg d’aquesta setmana i la que ve. (Aviso que no vindran en l’ordre original de publicació). Avui, només us els presento, en forma de pregunta:

1. Si la prohibició del matrimoni homosexual era una discriminació jurídica, perquè els bisbes hi estan a favor, si se suposa que l’ètica cristiana rebutja tota forma de discriminació?

2. Per què els matrimonis homosexuals s’han de dir “matrimonis” (i no “contrato de unión”, tal com reclama la reina)?

3. Per què la jerarquia catòlica (a Espanya, però no només a Espanya) no acaba d’assumir que no té cap dret a dictar les normes civils?

4. Per què no hi ha bisbes i cardenals que defensin posicions cristianes progressistes? Per que defensen les seves posicions en matèria de moral sexual com si es tractés de “doctrina revelada”?

5. Hi ha qui diu que no pot haver-hi matrimoni sense complementarietat. Cap problema, però... la complementarietat entre dues persones passa per la diferència de gènere?

07 de novembre, 2008

Obama

Tant gastat com es vulgui, però l’adjectiu segueix sent tan vertader com irrefutable: l’arribada d’un president negre als Estats Units és un fet històric. El què va passar dimarts, em diuen uns amics nord-americans, és que el seu país va tancar definitivament les ferides de la Guerra de Secessió -la seva guerra civil-. Quasi cent cinquanta anys després. Entremig, va caldre que un pastor negre d’Altlanta, pocs abans de ser assassinat, proclamés públicament que havia tingut un somni. Dimarts aquest somni, diu tothom, es va fer realitat de manera irreversible.

Des d’Europa, la victòria d’Obama apareix, més aviat, com la fi del cicle neoliberal. Un cicle llarg, de quasi trenta anys, que es va iniciar amb la victòria de Tatcher i Reagan, que va tenir el seu apogeu deu anys després, amb la caiguda del mur de Berlín, que en el canvi de mil·lenni va començar a ser seriosament contradit gràcies a l’emergència del moviment altermundialista, i que ha entrat en implosió radical amb la crisi financera del 2008. I just en aquest moment arriba Obama, amb la missió d’obrir la porta a un nou cicle, a un nou paradigma. Als EUA i a la resta del planeta.

Obama ha reconciliat, per ara, els EUA amb el món. I ho ha fet de la millor manera possible: fent sortir novament la millor Amèrica, aquella que el món pot admirar -la de la lluita pels drets civils, del New Deal, de l’idealisme kennedià-. Probablement aquesta sigui la missió més important d’un líder: fer sortir a la gent -extreure de la pròpia societat- el millor de sí mateixa. I en el cas d’Obama, sembla que la principal arma per aconseguir això ha estat la força de la seva paraula. Una paraula política, però també una paraula poètica. Perquè volia construir una esperança política, però sense poesia l’esperança resulta difícil.

Què ens emociona d’Obama. Que sigui negre? No només això. Crec que sobretot ens emociona que ha demostrat que al càrrec polític més important del planeta també s’hi pot arribar a base d’idealisme, de noblesa, d’entusiasme. Ja ho sabem: són molts els que consideren que el secret d’aquest polític és una retòrica vibrant, brillant i emocionant però buida, que de poc li servirà quan hagi d’exercir la presidència. Però els fets més aviat indiquen el contrari: després del 11-S, quan tot el país -demòcrates inclosos- estava lliurat als peus de Bush, el jove senador no va dubtar a oposar-se, pràcticament en solitari, a la intervenció a l’Irak. Va començar les primàries sense ser, en absolut, el candidat preferit dels mitjans ni de l’opinió pública, sense gaires diners ni tenir el favor de l’aparell demòcrata. I, tanmateix, ha fet una campanya d’una habilitat admirable. No es pot dir que tot això siguin indicis de manca de solidesa política.

Més aviat sembla que Obama és idealista, però pragmàtic; noble, però astut; audaç, però serè; entusiasta, però intel·ligent; progressista però no divisor, sinó capaç de reunificar. El discurs de l’esperança -yes, we can- en un moment de final d’època, de necessitat de canvi, era quasi una necessitat vital per a la societat americana. Però per algun motiu, o per molts, Obama, quasi un desconegut a penes fa quatre anys, l’ha sabut encarnar avui millor que cap altre polític del seu país.

Vol canviar el món, ens ha dit, i el món necessita canvis. Probablement en podrà fer molts menys dels que ell voldria i dels que caldrien. Probablement, les esperances que s’han aixecat aquests dies es veuran, en molts casos, defraudades. Però ens atrevim a fer un pronòstic. Què aconseguirà Obama? Aconseguirà almenys tant com Clinton, però segurament una mica –o força- més. Per dos motius: la seva majoria al Congrés i al Senat és més còmoda que la de l’anterior president demòcrata. Però sobretot, perquè entre l’un i l’altre hi ha hagut la guerra d’Irak i la més gran crisi del capitalisme des del 1929. L’adversari està, avui, completament desballestat, tant pel què fa a la seva vessant geopolítica (unilateralisme neoimperialista) com a la seva vessant econòmica (globalització neoliberal).


Podrà construir un sistema de seguretat social estàndard, a l’europea, tal i com promet el seu programa? Si fes això, ja hauria estat molt. Voldrà convertir els EUA en un ferm partidari del multilateralisme com a mètode per governar la política mundial? Sabrà com transitar de la globalització neoliberal a un nou keynesianisme global, alla Krugman i alla Stiglitz? Ho esperem. En tot cas, sembla que la majoria dels nord-americans han entès que per gestionar un imperi en decadència el més intel·ligent és tenir un president capaç de dialogar amb la resta del món de igual a igual, sense pretensions de superioritat.

Més enllà del que assoleixi com a president, com a candidat, mentrestant, ja ha aconseguit coses no poc importants. Començant per la seva campanya, una veritable revolució en el món de l’acció i la comunicació política en democràcia -que serà, sens dubte, matèria de centenars de tesis doctorals en els propers anys arreu del planeta-. Expliquen que aquesta campanya, que ha exprimit per primera vegada a fons la tecnologia digital, respon a la lògica del crowdsourcing -la lògica wiki, de creació col·lectiva d’intel·ligència- en la qual els ciutadans deixen de ser mers espectadors per convertir-se ja no en protagonistes, sinó en guionistes, en directors, en productors... Diuen que els darrers dies abans de les eleccions aquesta lògica va arribar a tal extrem que el quarter general del candidat havia pràcticament perdut tot control sobre la campanya.

Potser el què ha passat és que Obama ha invertit, en certa manera, la relació tradicional entre els ciutadans i els polítics. Normalment els ciutadans se senten tractats com a instruments: com el mitjà que necessiten els polítics per poder governar, per aconseguir el poder. Amb ell es diria que les coses han anat al revés. Han estat els ciutadans –no només als EUA, sinó a molts altres llocs- els qui han decidit convertir aquest home negre en un instrument: en l’excusa que necessitaven per a tornar a creure en els canvis que el món i les seves vides reclamen. Si gràcies a Obama la gent realment ha canviat, aleshores el canvi sí serà possible.

18 d’octubre, 2008

Barcelona, capital del Mediterrani (3)

Penjo avui la tercera i darrera part de l’article sobre el futur de la Política Euromediterrània que vaig començar a publicar dijous passat, com una petita contribució simbòlica a la candidatura de Barcelona per albergar la secretaria permanent de la Unió pel Mediterrani. En aquests moments, només Tunis ens disputa amb força aquesta seu. Tot i que la nostra ciutat segueix sent la candidata amb més possibilitats, la batalla encara no està guanyada. Recordeu: seria una gran notícia que Barcelona pugui convertir-se en la “capital política” de la Mediterrània. Endavant Barcelona, capital de la Mediterrània!



El futur d’Europa passa pel futur del Mediterrani

Si durant els darrers anys la UE s’ha dedicat a gestionar la post-guerra freda, ara li correspon afrontar els problemes derivats de la globalització. Europa ha necessitat quinze anys per tal de digerir la caiguda del mur de Berlín i les seves conseqüències. L’ampliació és la resposta europea a la fi de la guerra freda. Tanmateix, canvis geopolítics d’aquesta magnitud no es digereixen de la nit al dia. Si la caiguda del mur va donar pas a la globalització, tot just ara Europa comença a estar immersa en la digestió de les conseqüències de les noves regles del joc de la societat mundial. La primera d’elles és la desigualtat Nord-Sud, abismal i insostenible. I no en va el Mediterrani és la frontera geogràfica entre el Nord i el Sud en la qual aquestes desigualtats són més extremes.

Si mirem la renda per càpita dels països del Mediterrani Nord, la seva estructura poblacional i la seva mitjana d’edat, i comparem amb la renda per càpita dels països del Mediterrani Sud, la seva piràmide demogràfica i la seva mitjana d’edat, ràpidament prendrem consciència que aquest desequilibri és difícilment sostenible a llarg termini. La qüestió que no podem defugir és si la resolució d’aquest desequilibri es farà per les bones, de manera pacífica, amb el mínim de tensions socials, culturals i polítiques possibles, o si per contra desembocarà en conflictes de conseqüències difícilment desitjables. La pregunta és si serem capaços de gestionar aquest desequilibri des de la política, la cooperació, el multilateralisme i la democràcia -per tal de superar-lo i deixar-lo enrera- o no. Una Unió pel Mediterrani hauria de tenir, en primer lloc aquesta missió: oferir una perspectiva d’acord amb la qual l’Europa rica pugui servir de motor de desenvolupament econòmic, polític i social del Mediterrani del Sud.
La majoria dels reptes interiors de la UE tenen algun vincle, més o menys estret, més o menys directe, amb les desigualtats i els desequilibris que genera l’expansió dels mercats mundials. La immigració magrebina, que juntament amb la resta de migracions està posant a prova la capacitat de les societats europees per assumir la diversitat i resistir les temptacions xenòfobes, és una conseqüència directa del diferencials de renda entre el Nord i el Sud del Mediterrani. Com és prou sabut, en la integració efectiva de la immigració ens hi juguem en bona part la cohesió social i la salut democràtica de les societats europees.

Per altra banda, els principals riscos en matèria de seguretat tenen a veure amb el fonamentalisme que creix, de manera difícil de controlar, tan en els nostres veïns del Sud com a l’interior de les nostres societats. Com expliquen la majoria de científics socials solvents que han analitzat de manera integral el fenomen de la globalització, el fonamentalisme és, entre d’altres coses, una reacció defensiva davant la ruptura dels vincles comunitaris i els processos de marginació cultural que els mercats globals, liderats per Occident, produeixen en societats encara fortament tradicionals. Però, a més, el “xoc de civilitzacions” –que més aviat hauríem de denominar “xoc de fonamentalismes”- està retroalimentat també pel conflicte israelo-palestí. Al Mediterrani ens juguem en bona mesura la pau mundial, que depèn de manera molt directa de l’evolució de la situació a l’Orient Mitjà. Que al seu torn té un vincle evident amb el fet que aquella regió sigui la primera reserva mundial de petroli. I, com sabem, la dependència energètica d’Europa és una de les principals dificultats a les quals la UE s’enfronta en el futur immediat.

Tots aquests reptes –que són els reptes de primera magnitud per a Europa en el segle que comença- requereixen una concertació multilateral amb els nostres països veïns: no es poden resoldre des de vells esquemes d’herència neocolonial, que a banda de ser èticament discutibles han passat a ser del tot inoperatius un cop entrats al segle XXI. La interdependència no es pot governar, a llarg termini, des de cap voluntat d’hegemonia. Tots aquests reptes sorgeixen com a conseqüència de la interdependència –interdependència entre les diferents societats i entre els diferents fenòmens- i només es poden resoldre des de l’acceptació conscient d’aquesta interdependència. La gestió de la immigració al Nord requereix el desenvolupament econòmic del Sud i la reducció decidida de les desigualtats entre ambdues ribes. La cooperació energètica –ja sigui amb el Magreb o amb Orient Mitjà- reclama una estabilitat política incompatible amb el fonamentalisme. Al seu temps, la postració social i econòmica és un caldo de cultiu pel fonamentalisme: el contacte d’una cultura que és alhora hereva de la modernitat i profundament consumista, amb una altra cultura que és tradicional -a vegades fins i tot anti-moderna- i que es reprodueix en un context de pobresa, genera un abisme de difícil solució.

En tots aquests reptes Europa es juga molt: es juga el seu nivell de vida (en la dependència energètica), la seva cohesió social (en la integració de la immigració), o la seva visió del món (en el combat cultural contra el fonamentalisme). Tots ells passen pel Mediterrani. Tots ells demanen una gestió intel·ligent de la interdependència, ja irreversible, entre les diferents societats que viuen a les ribes del Mediterrani. Tots ells demanen noves formes de cooperació multilateral, que superi els límits tradicionals en els quals s’havien mogut uns Estats nació gelosos de la seva sobirania. Europa té una missió externa, en aquestes primeres dècades del segle XXI, que no és altra que liderar el desenvolupament d’una governança democràtica de la societat mundial. I la cooperació amb el Mediterrani serà, sens dubte, la pedra de toc d’aquest lideratge.

14 d’octubre, 2008

Barcelona, capital del Mediterrani (2)

Els motius d’un estancament

Si acceptem que el Procés de Barcelona estava estancat, si acceptem que la Unió pel Mediterrani, un cop degudament corregida i reorientada, pot ser una bona oportunitat per a revitalitzar una política euromediterrània adormida, haurem de començar per preguntar-nos quins són els motius i les causes d’aquest estancament.

Per a Sarkozy, un home, pel que sembla, aficionat a vegades als diagnòstics simples, la resposta estava clara: es va fallar en la vinculació del diàleg mediterrani amb Brusel·les, però, més enllà d’això, es va fallar en les prioritats sectorials de l’Associació Euromediterrània. Al seu parar, l’error principal era que tot pivotava al voltant del comerç –recordem que, certament, la Conferència de Barcelona de 1995 va arribar a posar la zona euromediterrània de lliure comerç com a horitzó final de la cooperació econòmica entre ambdues ribes-. Tanmateix, per al president francès és la cooperació en matèria de seguretat allò que hauria de tenir prioritat.

Sarkozy ve a dir que, per tal que una estratègia multilateral funcioni adequadament, cal posar en comú allò que realment interessa. I, d’acord amb la seva visió, allò que realment interessa posar en comú és la política migratòria entre els països mediterranis, així com la política de seguretat per lluitar contra el terrorisme –cooperació policial, intercanvis d’informació entre els serveis secrets, etc-. La UM hauria de ser, doncs, l’instrument per coordinar aquestes polítiques. Ja al discurs de Toulón, havia definit quins havien de ser els quatre grans pilars de la seva proposta d’UM: un fòrum intergovernamental a semblança del Consell d’Europa, un sistema de seguretat col·lectiva, polítiques de co-desenvolupament i una cooperació policial integrada en el marc d’un espai policial comú. Com veiem, en aquesta visió inicial, de quatre pilars, dos tenien a veure amb la seguretat.

Tanmateix, tot i que la prioritat dels temes de seguretat i immigració es l’esperit amb el qual Sarkozy llança la seva idea, tot i que aprofita la preocupació general davant del terrorisme per establir una aliança forta entre les dues ribes el Mediterrani, a l’hora de les concrecions ha acabat per proposar un mètode que recordaria el funcionalisme de les primeres dècades de la integració europea. Es tractaria de fer avançar el projecte “abordant primer els àmbits menys conflictius”, és a dir, començar a base de petits projectes concrets, que creïn vincles de solidaritat de fet, tal i com es va fer en els orígens de la UE. Però, en aquest punt, el president francès fa una pirueta realment sorprenent: el primer dels projectes concrets, afirmà, podria ser la descontaminació conjunta de l'aigua del Mediterrani. Així, sense solució de continuïtat, salta de la cooperació policial al medi ambient.

Sincerament, no creiem que els problemes del Procés de Barcelona es derivin d’una mala selecció de les prioritats sectorials. No creiem que la descontaminació conjunta del Mediterrani –un projecte del tot lloable i necessari- sigui el desllorigador del diàleg euromediterrani. Hi ha altres motius de bloqueig molt més profunds que no una agenda sectorial equivocada: motius com per exemple l’ocupació de Palestina i el conflicte àrab-israelí. Són vàries les fonts diplomàtiques europees que, davant de l’optimisme francès amb la iniciativa de Sarkozy, es pregunten per quins motius la nova UM hauria de superar les dificultats de la cooperació euromediterrània que el Procés de Barcelona no ha estat capaç d’evitar. Potser la UM resoldrà els problemes a l’Orient Mitjà? Ningú ho creu, tampoc la diplomàcia francesa. Però, aleshores, per què pressuposar-li a la nova UM virtuts taumatúrgiques que el Procés de Barcelona no ha tingut?

Es més, l’Associació Euromediterrània tenia una agenda que, en cap cas, es pot considerar equivocada: a banda de la prioritat en les polítiques comercials, durant aquesta dècada llarga de vida s’ha desplegat a través de projectes a llarg termini, centrats en temes com l’educació i l’alfabetització, la modernització de l’Adminsitració Pública i la formació de funcionaris, la creació àde xarxes democràtiques i ciutadanes i l’empoderament de la societat civil, o la millora dels sistemes de salut. Algú pot considerar, seriosament, que el problema de la cooperació euromediterrània és que s’hagi centrat en el desenvolupament econòmic - que passa de manera inequívoca per unes noves regles del joc en el comerç entre el Nord i el Sud de la Mediterrània-, el desenvolupament social i el progrés democràtic i institucional? Més aviat sembla impensable un diàleg euromediterrani que deixi fora de l’agenda el desenvolupament econòmic, social i democràtic.

Les raons d’un optimisme prudent

Tanmateix, tot i diferir amb Sarkozy sobre les causes de l’estancament, podem coincidir amb ell en una cosa fonamental: en aquest moment s’obren unes oportunitats per a la política euromediterrània que difícilment havia tingut fins ara. Ara és l’hora de donar un decidit impuls a la cooperació entre Europa i el Mediterrani Sud, perquè ara hi ha més possibilitats reals que no pas abans per tal que aquesta cooperació doni alguns dels fruits esperats. Creiem que aquest optimisme es basa en raons objectives, que serien fonamentalment dues.

Les noves oportunitats no creiem que es deguin al fet que hàgim substituït la vella Associació Euromediterrània per una nova Unió pel Mediterrani. No es deuen, ni tan sols, al fet que aquesta UM pugui aportar el plus de lideratge i d’impuls que li faltava al Procés de Barcelona. Al nostre parer, les noves oportunitats es deuen, en primer lloc, a la prioritat que la política mediterrània pot arribar a tenir, a partir d’ara, en el conjunt de l’agenda de la UE.

Durant la passada dècada, la UE tenia reptes únics en la seva història, que de fet han absorbit totes les seves energies i la seva capacitat institucional. Reptes que tots coneixem: per una banda, el pas de la unió comercial a la unió monetària, és a dir, la implantació de l’euro; per l’altra, l’ampliació als països de l’Europa de l’Est. Només l’euro i l’ampliació feien completament impensable que hi hagués espai, capacitat institucional i marge de maniobra financer per a una tercera política els objectius de la qual la convertissin en un repte de primera magnitud. Si l’euro i l’ampliació eren un repte de primera magnitud, la cooperació amb el Mediterrani -si es planteja com allò que ha de ser, com una estratègia per a impulsar des d’Europa un veritable desevolupament econòmic, social i polític dels països de la riba Sud, és a dir, si es planteja com una mena de “pla Marshall” europeu amb els nostres veïns del Sud- també ho és. I és evident que la UE es podia permetre, simultàniament, dos reptes de primera magnitud, però no tres.

Per aquest motiu, creiem, el Procés de Barcelona ha viscut en un estat de semi-somnolència des del seu llançament, l’any 1995. Perquè d’altres processos potser no més importants, però en tot cas clarament més prioritaris, l’han tapat o -per dir-ho de manera directa- l’han marginat de l’agenda europea. No oblidem que l’ampliació, de fet, no era només un repte sinó dos: l’ampliació, considerada en sí mateixa, i la reforma de les institucions que una UE de 25 Estats comportava de manera inevitable. I no oblidem que el procés de reforma institucional ha estat més complicat, més llarg i més traumàtic del que ningú havia previst. Pel camí, hem hagut d’enterrar una Constitució i tot just l’octubre passat l’agenda institucional quedava definitivament tancada, gràcies al nou Tractat de Lisboa que ve a substituir la no nata Constitució.

Aquest és, en conseqüència, un primer motiu pel qual creiem que la política mediterrània pot tenir, partir d’ara, la prioritat que requereix si vol estar a l’alçada de les seves pròpies ambicions i dels seus objectius. Amb l’euro plenament consolidat, l’ampliació culminada i la reforma institucional resolta, queden alliberades moltes energies –polítiques, institucionals i financeres- que permeten reordenar les prioritats. Per això creiem que, objectivament, s’obre una possibilitat per tal que la política euromediterrània deixi de figurar a l’agenda europea com una necessitat indefugible però per a la qual, a la pràctica, no es disposen dels instruments necessaris. S’obre la possibilitat de dotar-la dels recursos i de l’audàcia que la importància d’aquest el tema reclama –una importància cabdal de cara al futur immediat d’Europa-. Un cop la mirada cap a l’Europa Central i de l’Est ja ha trobat els seus canals institucionals estables, la UE pot posar-se, ara sí, a mirar seriosament cap al Sud.

Tanmateix, possibilitat no vol dir expectativa. Que pugui ser així no vol dir que hagi de ser així. Quin altre argument ens fa pensar, doncs, que la política de cooperació euromediterrània pugui passar a ser, efectivament, una de les polítiques centrals de l’agenda de la UE? Per què hem de pensar que “ara ha arribat l’hora” d’allò que el Procés de Barcelona va posar sobre la taula ja fa més de deu anys? El segon motiu del nostre optimisme prudent és aquest: la majoria dels grans reptes interiors que afronta la UE en les properes dècades estan vinculats, d’una o altra manera, a l’àmbit geopolític, cultural i econòmic mediterrani. Ja sigui la immigració, ja sigui el terrorisme i la seguretat, ja sigui el diàleg de civilitzacions, al qual els assumptes de seguretat estan indirectament lligats, ja sigui la sostenibilitat energètica, tots aquests reptes passen pel Mediterrani. I tots ells són reptes claus per a l’Europa d’avui. Així, si és cert que les prioritats en política interior determinen en bona mesura les prioritats en política exterior, són els propis reptes interiors de la UE els que indiquen que la política mediterrània hauria de ser, en les properes dècades, la prioritat en política exterior i un dels temes centrals de l’agenda comunitària.

09 d’octubre, 2008

Barcelona, capital del Mediterrani (1)

Barcelona defensa amb força la seva candidatura per ser la seu de la Unió pel Mediterrani, concretament de la seva secretaria tècnica. El ministeri d’Afers Exteriors ens està ajudant de valent en aquest objectiu, que està a l’abast de la mà. Divendres passat la ciutat es va vestir de gala, al Palau de Pedralbes, per presentar-se davant dels ambaixadors del països de la UE i del Mediterrani Sud.

La Unió pel Mediterrani pot arribar a ser una institució d’una gran importància en aquest nou segle XXI, si la fem servir pel què ha de servir: per salvar l’abisme Nord-Sud, que en aquest mar es manifesta de manera més dramàtica i acusada que en cap altra frontera del planeta. Barcelona té raons, tant morals com pràctiques, i mèrits més que suficients –acumulats des de 1995, com a mínim- com per a ser-ne la seu. La ciutat exerciria aquest paper d’una manera brillant i entregada.

Fa pocs mesos, a petició de la Fundació Rafael Campalans, vaig fer un article sobre les primeres passes d’aquesta nova Unió i els factors que poden determinar les seves possibilitats d’èxit. El publico ara al blog, com un modest suport a la candidatura de la meva ciutat. Com que es tracta d’un text relativament llarg, l’he dividit en tres entregues. Aquí va la primera. Al llarg d’aquesta setmana us aniré oferint la resta.

La política euromediterrània: ha arribat l’hora?

La cimera europea de Brusel·les del març del 2008, en la qual els líders 25 van acordar tirar endavant la “Unió pel Mediterrani” reclamada pel president Sarkozy, va recordar vagament una típica nit electoral, en qual tots els participants tenen objectius que, a priori, semblaven incompatibles entre sí, però al llarg de la qual, malgrat tot, tothom surt a declarar que ha assolit els seus objectius. Una nit en la qual tothom guanya, encara que sabem prou bé que el joc electoral és, en realitat, un joc de suma zero.


Les negociacions entre els líders europeus, en el marc del Consell, no són afortunadament un joc de suma zero. Tanmateix, cal admetre que en matèria de política euromediterrània, degut al gust de Sarkozy pel rupturisme, les posicions de partida eren forces allunyades. Per tant, és necessari calibrar amb precisió quines han estat les concessions que ha hagut els principals actors implicats en l’acord. Quin ha estat, en suma, el resultat del partit.

Empat França-Espanya: No substituir, sinó revitalitzar

Recordem que la proposta la va llançar Sarkozy en un míting de les presidencials franceses a Toulon, on reclamaba la necessitat d’una nova institució multilateral, al marge de la Unió Europea, precisament amb l’argument que el Procés de Barcelona havia mort i que “el diàleg imaginat l’any 1995 no havia aconseguit els seus objectius”. Tanmateix, l’acord del Consell Europeu es diu ni més ni menys que “Procés de Barcelona: Unió pel Mediterrani”, nom amb el qual s’intenta posar de manifest que la Unió pel Mediterrani és una etapa més –una etapa nova, si es vol- del Procés de Barcelona. Sarkozy ha hagut de cedir en el nom, cosa que, com bé saben els avesats al llenguatge comunitari, significa cedir també en els continguts.

Espanya és un dels països que més defensa la vigència de l’Associació Euromediterrània nascuda a Barcelona l’any 1995: un espai de cooperació multilateral que agrupa a tots els països dels UE i tots els països de la riba sud del Mediterrani, i que desplega la seva activitat en els tres grans àmbits clàssics de cooperació intergubernamental, el polític, l’econòmic i el socio-cultural. Es a dir, un procés ampli, integral, tant pel què fa al seu abast temàtic com geogràfic.

A Toulon, la base de la flota naval francesa, Sarkozy va venir a dir que el diàleg entre Europa i el Mediterrani sud estava condemnat al fracàs si es canalitzava a través de la UE, que si el Procés de Barcelona no havia funcionat era justament a causa de la seva dependència de Brusel·les. Per això, inicialment proposà una nova institució internacional que pel cantó europeu es limités als països mediterranis, sense els països no mediterranis de la UE. En canvi, Espanya és un dels socis comunitaris més persuadits que el diàleg euromediterrani ha d’implicar tots els països de la UE.

Tanmateix, la mera creació d’una nova institució regional, com serà la nova Unió pel Mediterrani, no deixa de ser un símptoma que les coses no anaven tan bé com caldria en el Procés de Barcelona. De no ser així, la idea de Sarkozy no hagués tingut cap mena d’èxit. També els defensors del Procés, per tant, han hagut de cedir i plegar-se als fets: l’Associació Euromediterrània estava faltada de lideratge. Quan des del govern espanyol es diu que la nova organització ha de ser entesa com un fòrum intergubernamental que “aporti idees al Procés de Barcelona”, d’alguna manera s’està reconeixent que aquest Procés està mancat d’idees. De fet, no estem tan lluny com podríem imaginar de la diplomàcia francesa, quan aquesta afirma que la intenció de la Unió pel Mediterrani no és altra que “complementar” o “despertar” el Procés de Barcelona, el qual –afegeixen, de manera ja no tan diplomàtica- ha demostrat haver tocat sostre.

El compromís entre la posició espanyola i la francesa, per tant, seria aquest: la Unió pel Mediterrani es desenvoluparà en el marc de –i no al marge de- la política euromediterrània de la UE, però és una institució nova. Aquest fet ve a confirmar que a aquesta política li faltava, fins ara, inspiració i lideratge, i que aquests no poden venir de l’interior mateix de les institucions ordinàries de la UE.

Empat França-Alemanya: Amb tots els països de la UE, però liderat des del Mediterrani

Com hem dit, la idea original de Sarkozy limitava la Unió pel Mediterrani a 25 països: els 22 països de la ribera del Mediterrani, més Portugal, Mauritania i Jordania. La reacció negativa a aquesta proposta va ser immediata, perquè tot apuntava que amb aquesta selecció allò que buscava el president francès era un determinat repartiment de les àrees d’influència dels dos principals socis de la UE: per a Alemanya quedaria l’hegemonia sobre l’Europa de l’Est, mentre que per França seria la influència sobre el Magreb i el Mediterrani en general.

Per a Alemanya es tracta d’un compromís innacceptable perquè, de fet, la política en relació a l’Est, després de l’ampliació, no deixa de ser una política comunitària, per gran que sigui la influència germànica en aquella zona. En canvi, la proposta de Sarkozy suposava deixar la política mediterrània en mans de l’exclusiu lideratge francès. Per a Espanya i Itàlia era igualment inacceptable, perquè implicava inevitablement jerarquitzar el lideratge dels països europeus mediterranis, posant a França en una preeminència que l’actual Procés de Barcelona no li proporcionava –i, en conseqüència, deixant a espanyols i italians en una situació secundària-.

Sarkozy amb la proposta d’una UM restringida intentava compensar la pèrdua d’influència en el conjunt de la UE que ha viscut França des de l’ampliació. A banda, oferia una alternativa en aquell altre assumpte en el qual les prioritats franceses tampoc quadren amb les alemanyes (ni amb les espanyoles i les italianes): la incorporació de Turquía a la UE, de la qual, com és sabut, el president francès és un ferri opositor.

Finalment, el president francès va haver de cedir davant de Merkel: França, a la cimera del març del 2008, ja va plantejar la UM com una organització inicialment de 25 països, però oberta a tots aquells membres de la UE que hi vulguin participar. Aquesta era la condició alemanya, per a la qual la UM no és sinó un exemple concret de “cooperació reforçada” i, per tant, ha d’estar oberta a tots els socis, tal i com disposen les regles de les “cooperacions reforçades” de les quals s’ha dotat la UE. Merkel no vol ni sentir parlar d’una Alemanya mirant a l’Est i una França mirant al Sud.

Tanmateix, el comprimís europeu apunta que a l’hora de concretar el funcionament d’aquesta nova organització internacional algunes de les intencions de Sarkozy es mantindran. Recordem que, inicialment, havia donat dues referències pel què fa al model organitzatiu de la nova Unió: per una banda, alguna cosa semblant al Consell d’Europa, una mena de Consell de Mediterrani; per l’altra, reunions periòdiques dels caps d’Estat o de govern dels països membres de l’UM, a l’estil de les cimeres del G-8. Un dels arguments de la diplomàcia francesa que no es pot menystenir és aquell segons el qual “el Mediterrani (...) es l’única zona del món que no disposa d’una organització multilateral" (Jean-Pierre Jouvet, secretari d’Estat per a Assumptes Europeus).

Finalment -a manca de conèixer els detalls organitzatius que en la cimera de març es van posposar fins el juliol del 2008, prèvia proposta de la Comissió Europea- l’acord dels 25 preveu que la UM tingui una co-presidència rotatòria, segons la qual estaria co-presidida durant un mandat de dos anys per un país mediterrani de la UE i un altre país de la riba Sud, és a dir, un país no comunitari. A banda, hi hauria un secretariat permanent encarregat de preparar les cimeres, sobre el qual encara no està clara la vinculació a les institucions de Brusel·les. No deixa de ser una novetat, doncs, que una institució vinculada a la UE limiti la seva presidència a una part dels seus països. És el tribut que els 25 han hagut de fer, sens dubte, a la idea original de Sarkozy de fer una UM al marge de la UE.

23 de setembre, 2008

La crisi financera: el món al revés?

(Publicat divendres 19.09.08 a l’Agenda de Ciutadans pel Canvi)

La crisi econòmica mundial està provocant situacions i declaracions inimaginables a penes fa unes setmanes. El president de la CEOE, el sr. Díez Ferran, va declarar dimecres passat que proposa “un parèntesis en l’economia del lliure mercat”. Dos responsables polítics socialistes, el sr. Almunia, comissari europeu d’Afers Econòmics i Monetaris, i el sr. Zapatero, president del govern espanyol, van contestar ahir mateix al màxim responsable dels empresaris espanyols que segueixen confiant en “la llibertat de mercat i en la competència”.

L’escena semblaria “el món al revés” sinó fos perquè en realitat la petició del president de la patronal espanyola no és una petició de major intervenció de l’Estat en el sistema econòmic. Díez Ferran no està demanant una major regulació i un major control dels mercats financers per part dels poders públics. Reclama, simplement, que els governs, amb els diners de tots els contribuents, es facin càrrecs de les pèrdues dels bancs i, de retruc, de moltes empreses afectades per la brutal crisi de liquiditat que està patint el sistema financer. Com ha dit Almunia, això seria tant com “socialitzar les pèrdues d’aquells que durant molts anys de bonança no han tingut cap inconvenient a privatitzar els beneficis”.

En poques setmanes el món ha presenciat atònit com el far i paradigma del capitalisme neoliberal, els EEUU, ha nacionalitzat els dos gegants hipotecaris, Fanny Mae y Freddy Mac, dels quals depenen més de la meitat de les hipoteques del país, i la primera empresa asseguradora del món, AIG. Com diu un acudit que circula per la xarxa, ara resultarà que la Guerra Freda l’ha guanyat la URSS de manera pòstuma, 20 anys després, perquè des de 1989 no es coneixia al món un sistema financer tan estatalitzat com el dels EEUU a dia d’avui. La cosa tindria gràcia si no fos perquè, com diem, aquestes nacionalitzacions no signifiquen altra cosa que pagar amb diners de milions de ciutadans els estralls que han provocat uns pocs milers d’alts directius de Wall Street.

Pel camí de l’actual crisi, que està afectant tots els països occidentals de manera contundent, han desaparegut tres dels principals banc d’inversió nordamericans Bear Stearns, Merril Lynch i Lehman Brothers, alguns d’ells amb més de cent anys d’història, i que en alguns casos han estat comprats per alguns dels seus competidors per menys del 10% del seu valor. Per una vegada, sembla que hi ha consens total entre els economistes i els polítics: la causa de la crisi és la manca de regulació dels mercats financers. La banca d’inversió era el paradigma del capitalisme financer global completament desregulat, sense cap mena de control públic, que ha caracteritzat el neoliberalisme. Ningú ha impedit que, moguda per l’avarícia sistèmica, s’hagi dedicat a invertir en productes financers (derivats) cada vegada més opacs i més arriscats.

Els mercats financers han actuat sense cap mena de responsabilitat en una recerca delirant de la rendibilitat privada i ¿ara hem d’eixugar els forats d’aquestes inversions irracionals amb els impostos de tots els contribuents? Com bé explica Almunia, la intervenció pública rescatant entitats financeres en fallida només es justifica quan els efectes per a la butxaca del ciutadà serien pitjors encara si no s’intervingués. Potser és el cas dels EEUU, però no el d’Espanya.

Per resoldre la crisi de liquiditat –els bancs no es presten diners entre ells i no presten diners a les empreses ni als particulars- que afecta el sistema financer mundial els bancs centrals d’Europa i dels EEUU van injectar dilluns passat 100.000 milions de dòlars als mercats financers, i dimecres 125.000 milions de dòlars més amb el suport dels bancs centrals canadenc, japonès i suís. Per complir els Objectius del Mil·lenni l’ONU calculava que seria necessària una inversió anual d’uns 75.000 milions de dòlars en serveis bàsics als països pobres. Facin números: en dos dies els bancs centrals s’han gastat, per evitar un col·lapse financer global encara més gran, tres vegades els diners que caldria esmerçar cada any per eradicar la pobresa al món.

Esperem que d’aquesta crisi, com de la del 29, el sistema econòmic mundial n’aprengui algunes lliçons. Alguns economistes eminents, com per exemple Joseph Stiglitz, ja fa anys que avisaven en els seus darrers llibres de les conseqüències del neoliberalisme i dels mercats financers completament desregulats. Ni que sigui massa tard, que els governs comencin immediatament a aplicar –si us plau!- les regulacions que aquests mateixos llibres ja fa temps que proposen i expliquen amb tota claredat.

09 de setembre, 2008

"El binomi cristianisme i comunisme és permanent"

El passat dissabte, el diari AVUI va publicar l'entrevista que em va fer abans de vacances la Mar Jiménez. Aquí la teniu:

L'entrevista
"El binomi cristianisme i comunisme és permanent"
Toni Comín, fill d'Alfonso Comín i diputat al Parlament
Mar Jiménez

Quin és el llegat del seu pare?
Per mi ha estat decisiu. La meva manera d'entendre la política, la religió, el compromís amb la justícia: tot això ha estat feliçment condicionat per ell. I per la meva mare, amb qui ell va fer tot el seu camí personal i polític.

Ell es proclamava "comunista a l'Església, i cristià al partit". Vostè també?
Per una banda, cal pensar això en el context de l'Espanya del segle XX; per l'altra, hem de preguntar-nos sobre la validesa que té ara. En una Espanya que s'havia dividit en dues meitats irreconciliables, la dreta catòlica i els rojos ateus, el meu pare va sortir de la trinxera on havia nascut i va creuar a camp obert per anar a trobar els de la trinxera enemiga. Crec que és bastant èpic.

I encara és vàlid?
Per mi, aquest binomi cristià-comunista, en certa manera, té validesa permanent. Jo m'hi identifico. Crec que la causa per la justícia necessita algun aliment espiritual. Si la raó última del socialisme és la fraternitat, aleshores d'alguna manera hem de sentir que tots som fills del mateix pare. Em sembla difícil ser socialista sense una inspiració espiritual. I el que trobo del tot impossible és ser creient i no apostar per la justícia social...

Perdoni, però n'hi ha molts...
Doncs estan molt equivocats. Només cal llegir els Evangelis, on hi ha una claríssima aposta pels pobres, per la justícia, pels dèbils. Entenc que es pugui ser socialista sense ser cristià, però no concebo que es pugui ser creient sense un compromís real i ferm amb la justícia social. I això requereix una mirada crítica cap al capitalisme...

Què poden fer els cristians que pensen que la jerarquia eclesiàstica contradiu l'Evangeli?
L'Església, com a institució, em preocupa poc. Si s'aïlla de la societat, serà el seu problema. El que em preocupa és que l'Evangeli arribi a la gent. Però si la transmissora oficial de l'Evangeli és l'Església, quan diu el que diu, acaba per tapar-lo o tergiversar-lo. En part per això la gent s'allunya de l'Església.

El seu pare va morir quan vostè tenia 9 anys. Qui li ha fet conèixer la seva visió del món?
D'entrada, la meva relació amb ell fins als 9 anys! També els seus escrits, la seva obra, que òbviament conec a fons. Per descomptat, també la meva mare. A més, es va crear una Fundació amb el seu nom que n'ha mantingut viu l'esperit. I sobretot, tots els amics del pare que han mantingut la relació amb la família. No em faci dir noms, perquè són tants...

L'èpica de l'època del seu pare s'ha perdut?
Avui no existeix, és cert, però en part perquè no ha d'existir. Cada moment històric és diferent. És normal que després de 40 anys de dictadura hi hagi una primavera. La dictadura va ser una tragèdia però també un gresol on es van destil·lar les millors persones.

Ja no toca?
Vaig tenir la sort de conèixer Mandela i li vaig demanar què passaria a Sud-àfrica quan es retirés: no arribaria la frustració? Em va dir que no, que arribaria la normalitat. "Però la normalitat és mediocre!", li vaig dir. I em va contestar: "Perquè hi hagi un heroi com jo calen 28 anys de presó. És un preu molt alt, no creus?". La generació de l'Alfonso Comín i la política d'aquells moments va ser extraordinària, però conseqüència de la dictadura.

Política sense èpica, doncs?
Ara hem de construir una altra èpica: la dels moments ordinaris. I avui hi ha un dèficit claríssim d'això. L'Obama ha generat entusiasme perquè fa creure a la gent que pot donar el millor d'ella mateixa. Què va fer l'Alfonso Comín? Va ajudar molta gent a treure el millor de si. Aquesta és la grandesa del bon líder: que et fa donar el millor de tu mateix.

Per quines causes s'ha de lluitar?
El gran fruit del segle XX ha estat l'Estat de benestar: ha combinat, bàsicament a Europa, democràcia, justícia social -imperfecta- i prosperitat. Quina és la gran causa del segle XXI? Com a mínim, reconstruir aquest model a escala mundial: fer el welfare global, per tal que tothom tingui garantits els drets fonamentals i pugui ser realment lliure.

No hi veig els actors per fer-ho...
Cal crear un programa, que de fet ja existeix, construir la massa crítica social que hi doni suport i disposar dels lideratges que el facin realitat.

Per què fa política de partits?
Per avançar calen dues cames: la societat civil, i les institucions i els partits. Jo he fet vida als moviments socials, però tan important com això són els partits. No podem canviar el món al marge de les institucions. La societat civil i l'intel·lectual són imprescindibles, però no basta per assegurar la transformació social.

A què aspira amb la política?
A contribuir a fer un món més just.

Com?
Crec que estem en condicions, per primera vegada en la història, de construir un projecte de drets humans reals per a tothom. És el repte del segle XXI. No em dirà que no és un dels reptes més apassionants que hi hagi hagut mai en política.

PERFIL
Abans de començar l'entrevista, Toni Comín (Barcelona, 1971) s'asseu al piano a tocar Mozart. Fill d'Alfonso Comin, històric dirigent del PSUC i fundador de Cristians pel Socialisme, Toni Comin ha agafat el testimoni del seu pare i des del 2003 és diputat al Parlament pel PSC-Ciutadans pel Canvi. Llicenciat en filosofia i ciències polítiques, hereu de la brillant mirada del seu pare i de la seva preocupació pels més dèbils, confesa que fa política per fer un món més just.

25 d’agost, 2008

La religió: amenaça o salvació dels valors moderns? (tercera part)

Què fem doncs amb els valors de la modernitat?

Sens dubte, la situació no està poc embolicada. Uns valors moderns sobreviuen en una etapa ja no moderna. Una ideologia d’arrel moderna –la neoliberal- acaba per trair de manera incontestable la utopia dels drets humans universals que ens va proposar la modernitat. El fonamentalisme i el neconservadurisme, al mateix temps que es declaren la guerra a mort, coincideixen en el seu rebuig –parcial o total- al projecte modern, als seus valors i al seu mètode crític.

Què poden fer tots aquells que volen seguir salvant els valors moderns –llibertat, igualtat, fraternitat- com a fonament del nostre pacte social davant d’això? La resposta no és fàcil. D’entrada hauríem de posar-nos mínimament d’acord sobre què volem dir quan parlem de modernitat. Si per a la postmodernitat no hi ha veritat morals, i per al dogmatisme (ja sigui neocon o fonamentalista) la veritat és revelada i hi ha unes institucions (normalment religioses) que detenten el monopoli de la interpretació d’aquestes veritats revelades, com es posiciona davant el tema dels valors i de la veritat moral la tradició moderna?

És senzill de saber: la modernitat és la crítica. Contra el relativisme (postomodern) i el dogmatisme (premodern) la modernitat considera que la veritat moral existeix, que la podem conèixer. Però la seva font no és la revelació, interpretada d’una manera tradicional. La seva font és la raó i la seva capacitat per a reconèixer el valor de la llibertat humana, la seva capacitat per al diàleg i, per tant, per a la construcció col·lectiva dels nostres valors compartits. Valors amb valor universal –valgui de nou la redundància-. Què són els drets humans si no això? Sapere aude! (atreveix-te a pensar!), deia Kant que era la millor manera de definir la Il·lustració. I el pensament, des de Plató, sabem que es genera per mitjà del diàleg. La raó, per definició, és col·lectiva.

Habermas, el més clar exponent viu del plantejament neo-modern, gràcies al seu esforç per reconstruir allò que de la modernitat no hem de deixar perdre, ens fa entendre que que les nostres societats poden construir valors compartits per mitjà de l’ “acció comunicativa”, que la crítica i la raó, si som capaços de reconèixer la seva dimensió dialògica, segueixen sent una font inesgotable de valors morals col·lectius, de principis de justícia social, de normes públiques de convivència. Tanmateix, no ens podem quedar aquí: no ens podem conformar amb una reivindicació –que potser seria pròpia d’una mena de “fonamentalisme” modern?- de la modernitat, en una mena de reconstrucció habermasiana, sense prendre nota de tots els embats i totes les crisis que ha patit al llarg del segle XX i especialment de les seves darreres dècades.

Si la modernitat ha entrat en crisi, per alguna cosa serà. Cap procés cultural és gratuït. Un diagnòstic apressat de les causes d’aquesta fallida ja el van fer els metres de l’Escola de Frankfurt en la seva anàlisi de la Dialèctica de la Il·lustració: la modernitat ha fracassat perquè s’ha negat a sí mateixa. Perquè no ha estat capaç de complir amb les seves pròpies promeses. Ha dut el contrari del què n’esperàvem: hi ha, en certa mesura, un continu entre la Revolució Francesa, Napoleó i el liberalisme del XIX, el crack del 29 i Hitler. Quina més gran negació de la promesa moderna que el nazisme? Per tant, la pregunta que queda sobre la taula és clara: per què la modernitat no va ser capaç de construir allò que pretenia. Li va faltar força per fer-ho?

Podria ser. I podria ser que, precisament, la força per estar a l’alçada dels nostres valors moderns requereixi, precisament, del concurs de la religió, entesa ara no com a codi petrificat per la tradició, no coma dogma administrat per les institucions religioses, sinó com a experiència de la realitat transcendent. “D’on treure l’energia per a un acte sense contrapartida?” es preguntava ara fa ja quasi un segle Simone Weil -la filòsofa francesa, inicialment agnòstica, socialista, de família jueva, convertida al cristianisme- a propòsit de l’imperatiu categòric kantià. Aquesta és la pregunta en la qual s’albira l’aliança natural entre la raó –i els seus valors il·lustrats- i experiència religiosa.

Mounier, des de la seva passió intel·lectual indubtablement cristiana, ho explicava molt bé: qui no ha entès el valor i la fecunditat del sacrifici no pot assumir els sacrificis que els nostres valors ens requereixen. No pot entendre que les renúncies que reclamen els valors –valors moderns com la justícia, la igualtat, el respecte a la llibertat aliena, la fraternitat- de fet no són pròpiament sacrificis, sinó experiències de la plenitud vital, de la humanització, de la veritable felicitat personal -una cosa diferent, més profunda i més espiritual, que el benestar-.

Es interessant que -tot i que amb un llenguatge i unes intencions, si es vol, molt diferent- el propi Habermas és conscient d’aquesta aliança necessària entre raó laica i sensibilitat religiosa, per exemple quan diu: “Resta el fet que un ordenament jurídic liberal necessitarà sempre de la solidaritat dels seus ciutadans com a font, i que aquesta font podria desaparèixer completament a causa d’una ‘secularització descarrilada’ de la societat.”

Avui sabem que la solidaritat té fonts pre-polítiques. Per aquesta raó, és fonamental que la cultura hereva de la modernitat, qu se seggueix reconeixent en els seus valors bàsics, sigui capaç de reconèixer els processos culturals i els espais socials en els que germinen i créixen els valors de solidaritat, llibertat i justícia social, és a dir, tots aquells valors que porten al compromís cívic i polític. L’estat, per ell mateix, amb de les seves institucions públiques i educatives, no pot proporcionar “els mitjans per la construcció i la reproducció de la solidaritat humana”. Com diu Habermas: “No basta el procés cognitiu per aconseguir que els continguts morals dels drets fonamentals es transformin en consciència”. Que coneguem els drets humans, el seu valor i la seva legitimitat, no garanteix que ens hi adherim de manera activa o que els respectem de manera inevitable.

Entendre i acceptar intel·lectualment els grans valors morals en els quals es basa un ordre social democràtic és una cosa, i fer-ne cas és una cosa diferent. Tanmateix, sense solidaritat difícilment pot haver-hi un autèntic Estat democràtic, composat per ciutadans lliures i iguals. Aquesta és la raó per la qual les fonts pre-polítiques de la solidaritat, si volem salvar el projecte modern i els seus valors, son un assumpte de gran importància. I les religions poden ser una font impagable de compromís amb els valors moderns, en la mesura que aquestes poden ser promotores de “sistemes motivacionals basats en la solidaritat i el compromís cívic” (Habermas).


Conclusió: no ens fem un galimaties

Hem intentat explicar de quina manera la modernitat, els valors del trilema il·lustrat, necessiten de la sensibilitat religiosa per tal de no sucumbir a la seva degradació, a la seva “dialèctica” perversa. El tema requeriria, sens dubte, molta més profunditat, reflexió i discussió. En aquestes pàgines n’hem fet només un tast. Tanmateix, el més important ara és que entenguem ben bé el sentit d’aquesta aliança productiva entre experiència religiosa i valors racionals. No ens confonguem: en la nostra perspectiva, que passa per una religió il·lustrada, i una nova modernitat amb inspiració espiritual (Trías), no es tracta que la religió ens digui quins són els valors, quines són les veritats morals.

Si ens reclamem hereus d’allò que la modernitat té d’insubstituïble és precisament perquè entre aquest llegat hi ha l’autonomia plena de la raó per trobar les veritats –tant científiques com morals-. No es tracta, per tant, que la religió ens expliqui el camí, perquè això ja ho fa la raó tota soleta, sinó que ens proporcioni forces per recórrer-lo. No que ens digui quins són els valors, sinó com fer-nos-ho per respectar, per estar a l’alçada, dels valors que la raó ens proposa.

Per què la religió hauria de tenir un paper específic en la resposta al com? Ja ho hem explicat, de la mà de Mounier. Sense capacitat per a reconèixer “l’alegria” del sacrifici, no hi ha possibilitat per als valors. Perquè els valors només són possible si assumim els sacrificis que ens reclamen. I qui sinó l’experiència religiosa ens pot obrir la porta a comprendre i a conèixer aquesta “alegria”?

Aquesta és l’epopeia dels valors, al nostre entendre, en el nostre moment de la història de la cultura i de les societats, apassionant i decisiu, com tots els altres i tots els que han de venir. Es un diagnòstic –un mosaic- relativament complex, que bé podria semblar a estones contradictori. Però si es pensa detingudament no ho és en absolut.

És cert que hem dit que, davant la crisi de la modernitat, han aparegut dues reaccions de tipus religiós –d’una religió dogmàtica-, el neoconservadurisme i el fonamentalisme, que torpedinen la línia de flotació de la modernitat, integralment considerada –és a dir, com un projecte basat en la llibertat (cosa que els fonamentalistes rebutgen), que busca la justícia social (cosa que els neocon desestimen)-. Aquests dos projectes, de fet, neixen cadascun d’ells com a reacció davant dels suplents que la modernitat en crisi havia deixat a l’escenari: el neocon reacciona contra el postmodern, i el fonamentalista contra el neoliberal. Al mateix temps, hi ha un estret vincle entre el neocon i el neoliberalisme, i entre aquest i la postmodernitat, tot i que se suposa que aquesta és l’antítesi del primer. I hi ha una similitud estructural entre neocon i fonamentalisme, tot i que es facin la guerra i que el primer abraci un neoliberalisme que el segon rebutja.

Hem dit, doncs, que dos projectes de societat i dues concepcions dels valors que tenen la seva última ratio en la religió i la tradició revelada, són l’adversari davant el qual la modernitat –el projecte il·lustrat- podria sucumbir de manera irreversible. I hem dit, al mateix temps, que per salvar aquest projecte necessitem de l’ajuda de la sensibilitat religiosa, de la seva capacitat per a fornir “sistemes motivacionals” compromesos amb el valor de la solidaritat, de la igualtat i la fraternitat. Podria semblar contradictori però, insistim, no ho és en absolut. Per salvar la modernitat, tant del capitalisme cec per a la justícia, tan del neoliberalisme que proposa l’apogeu de l’individualisme materialista i possessiu, com de l’embat antimodern del fonamentalisme, necessitem una modernitat capaç de complir les seves promeses. I creiem que només una sensibilitat religiosa capaç de donar sentit –“alegria”- als sacrificis que l’acompliment dels valors moderns requereixen podrà permetre-ho.

Necessitem inspirar els nostres valors moderns: la llibertat, la igualtat, la fraternitat. I per fer-ho necessitem la “religió”, en el millor sentit de la paraula. Només podem reconèixer-nos com a “germans” (fraternitat) si ens reconeixem com a “fills” d’un mateix “pare/mare” (religió).

No hi ha cap contradicció, doncs, pensem, en la nostra anàlisi. A principis del segle XXI, a l’inici del nou mil·lenni, la religió se’ns apareix al mateix temps com la principal amenaça i la principal aliada del projecte modern. Dels valors en nom dels quals havíem d’assolir l’emancipació humana, la convivència justa, la realització i el sentit de la vida de cadascú. Per una banda, tenim davant una concepció de la religió que aspira a enviar la modernitat –parcial o totalment- a les golfes de la història. Per l’altra, una modernitat que reconeix en la religió la força que la raó, per sí mateixa, no pot proporcionar per a construir les seves utopies –que són, al capdavall, tan senzilles com la realització efectiva dels drets humans, de tots els drets humans, per a tothom-.

Per això, creiem que probablement el futur dels valors (socials) en el segle XXI es jugarà en el camp de joc de la religió. Entre una religió que, objectivament, és adversària dels valors il·lustrats i de la modernitat, i una religió que precisament constata la necessitat dels valors moderns i al mateix temps la seva insuficiència per a sostenir-se a sí mateixos. I per tant, s’ofereix per a sostenir-los i salvar-los.

16 d’agost, 2008

La religió: amenaça o salvació dels valors moderns? (segona part)

L’article que vaig començar a penjar el dia 13 el vaig escriure fa algunes setmanes per als meus amics de la revista “Valors”, de Mataró. L’equip que lidera en Joan Salicrú amb la seva empenta habitual ha arribat al número 50. Per celebrar-ho van fer un número monogràfic dedicat, com no podia ser d’altra manera, al tema dels valors. El vam presentar un matí de juny els tres autors que hem escrit al número –Francesc Torralba, Begoña Román i jo mateix- juntament amb el president Pujol. Va ser, certament, un gran matí en tots els sentits.

El meu article intenta explicar -com si es tractés d’una novel·la- l’apassionant epopeia que s’està vivint en el món de es ideologies des de fa trenta anys. Vist que a l’estiu el temps s’espaia i hi ha més temps per llegir, he pensat que podia permetre’m la llicència d’oferir un text una mica més extens i de reflexió com aquest. L’he partit en tres parts. Avui toca la segona:


4. El fonamentalisme. De la mateixa manera com el neoconservadurisme pretén ser una reacció contra la postmodernitat –i malgrat que tots dos acaben per ser igualment funcionals al neoliberalisme-, aquest, el neoliberalisme també ha trobat, en els darrers anys, el seu adversari: es tracta del fonamentalisme anti-occidental. Hi ha una dialèctica perversa entre neoliberalisme i fonamentalisme que Benjamin R. Barber va descriure de manera brillant en la seva metàfora de “McWorld contra Jihad”.

El capitalisme genera uns vincles socials extraordinàriament “freds”: la interacció social, en aquest sistema, es produeix exclusivament d’acord amb la lògica de l’interès material. Deixa els individus a la intempèrie moral d’uns vincles socials reduïts exclusivament a l’interès i a l’individualisme possessiu, i a la intempèrie social d’uns mercats que, si no són regulats, soscaven la cohesió. La política progressista, al llarg del segle XX, va servir per abrigar a les persones d’aquest fred. Per mitjà de l’Estat del benestar, convertia als individus en ciutadans, en la mesura que els garantia una sèrie de drets socials, i el dret laboral convertia als treballadors en “ciutadans amb drets” a l’interior de les fàbriques i de les empreses.

El mercat, tal i com funciona en el capitalisme, tendeix a afectar tota dimensió comunitària. Fa venir “fred” perquè trenca la cohesió i, per la mera via del consum i del progrés material, és incapaç de proporcionar significats i satisfaccions veritablement consistents. El mercat proposa una llibertat (econòmica) sense comunitat. L’Estat Social va ser capaç de generar, a través de les institucions democràtiques, uns certs vincles de solidaritat. Combina la llibertat amb la comunitat, creant uns vincles socials “càlids”. Tanmateix, avui aquest abric, amb el decalatge entre una economia global i una política nacional, abriga menys: la producció de sentit col·lectiu s’afebleix. El vent huracanat i gèlid d’un model de globalització neoliberal està tornant insuficient l’abric que proporcionava, fins fa a penes dues dècades, l’Estat social.

Avui existim més com a consumidors (sotmesos a les tendències de les modes cada vegada més globals), o com a treballadors (en una gran majoria dels casos, en un permanent estat de fragilitat i d’inestabilitat) que no com a ciutadans. Tanmateix, una societat només pot oferir uns pocs tipus de vincles bàsics. Podem participar-hi com a actors econòmics (com a consumidors, com a treballadors, com a estalviadors); com a subjectes polítics (com a ciutadans); i com a membres d’una comunitat cultural, una comunitat de sentit, identitària (ja sigui nacional, ètnica o religiosa). També aquesta darrers vincles (culturals, identitaris) serveixen per abrigar-se: també són vincles “càlids”, perquè ofereixen uns valors superiors, que van més enllà del propi interès individual, i una possibilitat de pertinença a una identitat col·lectiva.

Però el risc d’aquests vincles de pertinença és que es construeixin al marge de la llibertat: sovint, la identitat que ofereixen o bé es revelada (religió) o bé és heretada (nació). Poden arribar a ser profundament comunitaris, més que no els de la política democràtica, de l’Estat Social i de l’experiència de la ciutadania en la qual aquella es concreta. Proporcionen als individus una identitat i una biografia col·lectiva que, a priori, no està estrictament basada en la lliure adhesió. Per això, aquestes comunitats culturals, tan comunitàries, poden prendre formes desviades, que s’absolutitzen i acaben anul·lant tota llibertat. Aquests vincles, de tan càlids, poden acabar per cremar. Quan això succeeix, estem davant del fenomen del fonamentalisme (nacionalista, ètnic o religiós).

El fonamentalisme contemporani, ja sigui nacional o religiós, és en bona mesura una reacció defensiva d’aquelles societats que han vist com, amb la irrupció dels mercats globals, entraven en crisi els seus mecanismes de cohesió tradicionals. Si les societats que pateixen el “fred” de la globalització han recorregut al fonamentalisme, a l’abric de les pertinences culturals exarcerbades, és perquè no en tenien a mà cap d’altre. A la “llibertat (econòmica) sense comunitat”, pròpia dels mercats globals, han oposat una “comunitat (cultural) sense llibertat”. Probablement no hagués estat així si la simbòlica pròpia de la ciutadania, de l’Estat democràtic i social, que fa compatibles “comunitat i llibertat”, no hagués entrat en una certa crisi d’inoperància. Si al mercat no se’l compensa des de l’esfera de la política, és l’esfera de la cultura (en formes probablement desviades) qui acabarà per compensar-lo.

Com escriu Bauman, hi ha molts països en els quals “les comunitats religioses entren a realitzar les funcions d’un estat social que no ha arribat a néixer. Ofereixen protecció i solidaritat, les promeses més atractives de l’Estat social, però, a diferència d’aquest, ofereixen identitat, uniformitat i conformitat com a principals garanties de la seguretat. Proporcionen la “seguretat del grup”, una seguretat de la quantitat, del conjunt, en comptes de la xarxa protectora amb la que els creadors de l’Estat social (…) esperaven impulsar la llibertat de moviment, la llibertat d’opinió i d’acció, i el valor d’arriscar-se. (…) El fonamentalisme religiós creix en atracció i influència per l’absència d’altres proteccions seculars contra els perills de la vida en el casino global”.

Des d’aquest esquema bàsic, és relativament senzill interpretar alguns dels més dramàtics esdeveniments que ha viscut la societat mundial en els darrers anys. L’11-S i la guerra d’Irak. El terrorisme d’arrel islamista seria una militarització del Jihad: el salt des d’un fonamentalisme que utilitza com a principal arma la confrontació cultural, ètica i religiosa, a un fonamentalisme que opta per la destrucció física. De la mateixa manera, l’unilateralisme militar dels EEUU davant del problema d’Iraq, no seria sinó la militarització de McWorld: l’hegemonia econòmica occidental, pròpia del paradigma neoliberal, hauria quedat substituïda pel neoimperialisme dels ‘neocon’, que intenta demostrar –amb èxit discutible- l’hegemonia militar del primer exèrcit del planeta.

Tot això ens confirma la necessitat de refer l’únic abric que pot protegir-nos del fred del capitalisme sense cremar-nos, que és la ciutadania. Necessitem vincles càlids, vincles de solidaritat i una comunitat en la qual reconèixer-nos. Però aquests vincles no s’han d’obtenir al preu de sacrificar la nostra llibertat ni la nostra individualitat, ni el nostre distanciament crític en relació a la nostra comunitat de pertinença. Una vincles així només els pot proporcionar la democràcia, quan es desplega fins a les seves últimes conseqüències i institueix un sòlid Estat del benestar, capaç de proporcionar una alhora protecció social i llibertats civils. Però, cada vegada més, aquest abric alhora “comunitari i lliure” només abrigarà eficaçment si es reconstrueix a escala global. Si la democràcia vol abrigar-nos, ha de ser capaç de domesticar els mercats globals, és a dir, ha de ser capaç de protegir-nos del capitalisme actual en allò que té d’intempèrie. I això només és possible si posem sobre la taula la necessitat de construir un Welfare global: un abric talla “món”.

Si la icona que encarna la lògica neocon es Bush, la icona que més dramàticament encarna la lògica de Jihad podria ser, perfectament, el fonamentalisme terrorista de Bin Laden i Al Qaeda. Tanmateix, tot i que hi hagi una guerra oberta entre aquests dos món, entre aquestes dues lògiques, hi ha entre elles una afinitat innegable. Tots dos, al capdavall, fan de la tradició, de la religió dogmàtica i de la revelació la font de les seves veritats immutables i innegociables. Bush bombardeja Irak perquè Déu li ha demanat, mentre Bin Laden ataca les Torres Bessones per mandat d’Alà. Estem en un esquema no idèntic, però sí similar.

De fet, la diferència entre el neoconservadurisme i el fonamentalisme és que, mentre que el primer és profundament pro-occidental –o, més ben dit, pro-capitalista- el segon és anti-occidental de manera integral i complerta. Els neocon somnien amb un món en l’esfera pública estigui regida de manera estricta i única per les lleis del mercat, mentre l’esfera privada estigui regida per l’Antic Testament –i encara interpretat d’una determinada manera-. Els fonamentalistes somnien amb un món en que totes les esferes, tant la pública com la privada, estiguin governades per la sharia i la seva interpretació dogmàtica i anti-moderna –que no és l’única possible, sense cap mena de dubte- dels preceptes dictats per Alà.

El fonamentalisme rebutja de manera frontal la moral consumista que, des del seu punt de vista, ofega les societats occidentals. En aquest sentit, fins i tot semblaria més coherent i més lúcid la barbàrie fonamentalista que el cinisme neocon. Perquè els fonamentalistes saben bé que és impossible una vida privada moral amb una vida pública capitalista, que fa del consum i la riquesa l’única font de sentit. D’alguna manera, el seu projecte és més honest en tant que proposa que el dogma religiós s’imposi tant en la moral privada, sexual i familiar, com en la moral social, econòmica i política. No és un gran consol, però li dona, com a mínim, una capacitat crítica cap al neoconservadurisme que aquest encara no ha trobat ben bé la manera de replicar.

13 d’agost, 2008

La religió: amenaça o salvació dels valors moderns? (1a. part)

Els valors il·lustrats estan a la base del pacte social a partir del qual s’han construït les nostres societats modernes. Els drets humans, que serien la representació alhora moral i jurídica dels valors que presideixen la nostra vida col·lectiva, es fonamenten en la idea de la dignitat inalienable de les persones pel sol fet de ser-ho: aquest és el punt de partida de tota construcció axiològica de la modernitat. La llibertat de cadascú i la igualtat de tots no són més que les conseqüències ineludibles d’aquesta opció compartida pel reconeixement de la dignitat innegociable de l’ésser humà. Les principals ideologies modernes, el liberalisme, el pensament democràtic, i el socialisme, no són sinó variacions del trilema il·lustrat: llibertat, igualtat, fraternitat. Es tracta d’interpretacions, lectures i derivacions diferents -a voltes fins i tot oposades o incompatibles- d’aquests valors comuns.

Una situació estranya

Tanmateix, des de fa ja algunes dècades aquests valors –els “nostres” valors- es troben en una situació estranya, a voltes profundament paradoxal. Intentarem sistematitzar aquesta paradoxa dels valors actual de manera sintètica, tot i que desenvoluparem de manera una mica més extensa algun dels punts a tractar.

1. La postmodernitat i el relativisme. Si ens parem a pensar, els nostres valors segueixen sent moderns, però el paradigma cultural en el qual vivim ja no ho és. Ha estat superat el paradigma que sostenia uns determinats valors, però aquests tanmateix segueixen en vigor. La crisi de les ideologies i la postmodernitat no són només un invent: la nostra fe en el progrés ja no és la mateixa que abans, l’optimisme històric dels segle XVIII, XIX i bona part del XX és només una ombra del passat. La creença en una ideologia que emancipi d’una vegada per totes l’espècie humana, que permeti arribar al “regne de la justícia” ha deixat pas al relativisme ambiental. I, pel relativisme, ja se sap: no hi ha valors, no hi ha veritats morals, no hi ha principis axiològics que ens permetin discriminar, de manera universalment vàlida, quina és la frontera entre el bé i el mal, entre allò just i allò injust, etc. Primera paradoxa: valors moderns sobreviuen, en la base del nostre pacte social, com a fantasmes en un món que ha deixat la modernitat enrere.

2. El neoliberalisme. Tanmateix, amb la crisi de les amb la crisi de les ideologies, de fet, el què ha ocorregut en els darrers vint anys és que una de les ideologies modernes ha assolit, de manera aparentment espontània, l’hegemonia cultural -la importància de la qual per al canvi social Gramsci, entre d’altres, ens va fer entendre-. En efecte, el liberalisme es presenta avui no tant com l’única veritat a seguir, com l’únic projecte social a considerar. De fet, més que de liberalisme parlem de neoliberalisme des de la dècada dels vuitanta. Tot i que avui el projecte neoliberal està francament en crisi, de retirada, ha marcat una etapa important de la història recent. I durant aquesta època hem pogut constatar que ens trobàvem, no davant d’una versió avançada d’una ideologia moderna, sinó davant l’exacerbació d’una part molt parcial –valgui la redundància- d’una de les ideologies modernes.

El neoliberalisme ha estat l’apologia del propi interès com a única guia de l’acció dels individus en societat, però sabem molt bé que el liberalisme clàssic és alguna cosa bastant més complexa i respectable que no aquesta caricatura de l’egoisme racional. Així, en el neoliberalisme, l’individualisme, el materialisme possessiu, la maximització del propi interès, el paper del mercat com a principal regulador social, el consum i l’acumulació de riquesa com a objectius vitals s’han absolutitzat fins al punt de contradir de manera radical i flagrant els ideals il·lustrats. La justícia social basada en una mínima igualtat ha estat del tot oblidada en el projecte social del capitalisme globalitzat de finals de mil·lenni. Poc tenen a veure els principis i la moral del neoliberalisme contemporani amb els drets humans, cabalment considerats. I no hi ha valors il·lustrats al marge dels drets humans.

Sabem que el marxisme va néixer, en el seu moment, per denunciar allò que el liberalisme (econòmic) tenia d’hipòcrita: per posar de manifest la contradicció entre el sistema capitalista que el liberalisme instaurava i l’arrel il·lustrada del projecte liberal. Avui, de nou, és necessari posar de manifest la incompatibilitat entre el neoliberalisme i els valors que fonamenten l’Estat Social i Democràtic de Dret, més encara en la mesura que el neoliberalisme, com hem dit, és una versió reduccionista i interessada del liberalisme clàssic.

Per altra banda, no està de més constatar que el neoliberalisme i la postmodernitat són, fins a cert punt, aliats naturals. Quan el relativisme postmodern diu no hi ha valors, no hi ha projecte, no hi ha progrés, no hi ha veritats morals universals, res més fàcil que davant d’aquest “buit de sentit”, acabem comprant la idea que només existeix l’interès individual, que el consum és l’única font de sentit, i que el materialisme possessiu acabi per ocupar el lloc que abans ocupaven les “il·lusions modernes”. I aquesta i no una altra és la proposta axiològica que hi ha a la base del projecte neoliberal.

3. El neoconservadurisme. Si el neoliberalisme és, en certa mesura, una “conseqüència natural” de la postmodernitat, el neoconservadurisme n’és, d’alguna manera, una reacció adversa. Davant la fallida del projecte modern, que la postmodernitat certifica, aquí venen els neocon a oferir un nou relat, basat en la religió entesa d’una manera força pre-ilustrada o, si es vol antimoderna, la tradició. El neoconservadurisme és dogmàtic: contra una postmodernitat que considera que les veritats morals no existeixen, els neocon estan persuadits de la seva vigència. I de quina manera! Els valors no només existeixen sinó que són, per dir-ho així, eterns i immutables, doncs són, en darrera instància, valors revelats. D’aquesta manera, la tradició (religiosa) que és la dipositària de la revelació es converteix en la font més clara de proposicions morals. En conseqüència, tan aviat poden anar contra “la moral” –entesa així, com “la moral” única i veritable- el matrimoni homosexual, com la recerca biotecnològica, el divorci, l’avortament sigui de la mena que sigui, etc.

Tanmateix, els neocon fan una curiosa combinació: si pel què fa a l’esfera privada, la moral familiar, sexual, a les costums comunitàries i també a la seva aproximació al món de la cultura són fonamentalment anti-moderns, pel què fa a la seva concepció de la societat són d’una modernitat aclaparadora: s’apunten sense cap mena de matís al model capitalista. En l’esfera pública compren de la modernitat allò més ambivalent: aquell sistema socio-econòmic que ha permès el més indiscutible progrés tecnològic que hagi vist mai la humanitat, però que ha traït de manera incontestable les promeses de la modernitat en termes de justícia social, d’emancipació, de fraternitat i de solidaritat. I no oblidem que la modernitat també és això. Bush fill seria una icona d’aquesta cosmovisió –si és que es pot dir, en propietat, que Bush fill tingui cosmovisió alguna-.

Aquesta curiosa combinació de capitalisme i religió tradicional provoca una obvia disfunció moral. Res millor per explicar-la que la frase d’un dels precursors d’aquesta escola, F. von Hayek, quan deia: “Hem de ser rudement egoistes en el mercat i dolçament afectuosos en la família, cobdiciosos en la feina i generosos a la llar...". D’alguna manera, hi ha un cert cinisme neocon a partir del moment que defensen la tradició i ataquen el relativisme pel què fa a la moral que ha de regir la vida privada, però al mateix temps defensen la completa llibertat de mercat pel què fa a la vida econòmica.

Potser, més que cínic, el neocon sigui un esquema moral insostenible: perquè el mercat comporta una determinada cultura, la cultura del fast food, del tot incompatible amb la moral familiar basada en la tradició. La “cultura del mercat” té tal potència colonitzadora que acaba per fer que, també en l’esfera privada, els valors de la tradició siguin desplaçats per la lògica del consumisme. Així, del consum de béns i serveis es passa, en les societats occidentals on aquest procés de colonització ha calat més a fons, al “consum” de relacions humanes. Aquestes inèdites relacions afectives fast food, sense el capitalisme i la seva moral basada en l’individualisme possessiu, serien inexplicable. I res més lluny, si ens parem a pensar, de l’ideal familiar neoconservador, basat en una religió immune a la tradició crítica.