El Blog de Toni Comín

El Blog de Toni Comín

02 novembre, 2009

¿Se acabo la crisis? Sigue la desigualdad, que está en su origen


Artículo publicado en El Ciervo, septiembre –octubre del 2009

Los organismos económicos internacionales, el FMI, la OCDE y demás, nos dicen que ya se empieza a ver la luz al final del túnel: parece que Francia y Alemania han salido ya de la recesión, China vuelve a crecer desde hace ya meses a su ritmo habitual, en EEUU se ha ralentizado la destrucción de empleo, nuestra vice-presidenta económica avisa que aquí la confianza de los consumidores se recupera mes tras mes, las compañías automovilísticas vuelven a vender coches…

¿Se acabó la crisis? Las estadísticas puede que den algunas buenas noticias, pero incluso los más optimistas hablan de una recuperación “zombie” o, como dice Krugman, de una larga etapa de purgatorio: unos años durante los cuales el mundo crecerá muy por debajo de sus posibilidades y los mercados de trabajo tardarán lo suyo en reabsorber los trabajadores que esta crisis ha mandado al paro.

Pero lo engañoso de este “decreto oficioso de fin de crisis” no es sólo que después de la crisis venga un estado de anemia económica sostenida. Lo grave es que, aunque la crisis técnicamente esté en vías de superación, sus causas siguen intactas. Muchas cumbres del G-20… pero los mercados financieros siguen sin reformar. ¿No prometió Sarkozy una batalla sin tregua contra los paraísos fiscales? Sin embargo, nadie ha visto todavía una hoja de ruta fiable sobre este asunto. Hacía falta, también, una reforma implacable del sistema de remuneración de los altos directivos del mundo financiero –una fuente de irresponsabilidad y cortoplacismo casi delictivos-. Pero sobre esto, hasta la fecha, sólo tenemos una loable declaración del Ecofin que ya veremos en qué queda.

¿No había también que rehacer drásticamente las normas contables que han permitido que los activos tóxicos parezcan activos sanos? ¿No era imprescindible crear nuevos organismos reguladores, que vigilen de verdad y con nuevas criterios de control las entidades financieras? Es cierto que Obama ha presentado un plan al respecto, que da nuevos y mayores poderes a la Reserva Federal. ¿Pero no habíamos quedado en que la supervisión ya no vale si se hace a escala nacional, porque unos mercados financieros globalizados requieren de instituciones y mecanismos de control globales? Pero por ahora, nada de nada.

Por ahora, lo único que hemos visto son unos multi-billonarios –e imprescindibles- planes de estímulo fiscal y unos multi-billonarios –e inevitables- rescates financieros en forma de avales y compra de activos de la banca privada que, mientras no sean revendidos y el Estado no recupere el dinero, suponen la mas masiva transferencia de dinero desde las clases medias y trabajadoras a las clases ricas que haya visto el mundo en los últimos cien años.

Así, las causas inmediatas de la crisis –unos mercados financieros sin control- siguen intactas. Pero más intactas siguen todavía sus causas profundas. No olvidemos que en el origen de esta crisis no está otra cosa que la desigualdad creciente que el capitalismo neoliberal ha provocado en los últimos treinta años. Veamos: si los países desarrollados crecían tan ricamente, pero los salarios de los trabajadores –particularmente en los EEUU- llevaban treinta años estancados, ¿puede alguien explicar cómo se financiaba el consumo que hacía de motor del crecimiento? Fácil respuesta: con un endeudamiento masivo de las familias, que es lo que ha provocado la crisis financiera, subprime mediante. Y supongo que a estas alturas nadie duda que el estancamiento sostenido de los salarios es fruto directo de un modelo de globalización en el que el capital puede circular sin trabas por los mercados mundiales y, por lo tanto, puede “chantajear” a los gobiernos y a los trabajadores imponiendo sus condiciones por doquier.

Si no somos capaces de crear mecanismos democráticos de redistribución de la riqueza a escala global, si no inventamos un modelo de economía de mercado capaz de revertir drásticamente la desigualdad generada por el capitalismo neoliberal (dentro de los países y entre países), el crecimiento de la economía mundial seguirá avanzando sobre bases insanas. Y entonces la próxima crisis no tardará; y será peor.

03 juliol, 2009

La Democracia Económica. ¿Hacia una alternativa al capitalismo? (y 2)

Publicado en El Ciervo, julio-agosto del 2009

Seguimos hoy con el “decálogo” que iniciamos en la Vuelta anterior. Recordemos: recientemente se ha publicado un libro colectivo del cual he tenido la inmensa suerte de ser coordinador y coautor, donde se explora la posibilidad de transitar desde una economía capitalista hasta un sistema de mercado post-capitalista: lo que en la literatura académica de las últimas décadas se conoce como “socialismo de mercado” y que en el libro es bautizado como Democracia Económica.

El libro (Democràcia Econòmica. Vers una alternativa al capitalisme), cuya versión castellana está ya en marcha, ha sido un laborioso proyecto de casi cinco años, pero la providencia ha querido que apareciera en el momento adecuado: cuando el neoliberalismo ha entrado en implosión y cuando la socialdemocracia -a pesar de que son sus fórmulas para salir de la crisis son aplicadas a diestro y siniestro, por gobiernos de todos los colores- está en estado de retroceso electoral y perplejidad.

El libro –sin despreciarlas- intenta ir más allá de las recetas socialdemócratas habituales, abriendo una perspectiva distinta de “confrontación” con el capitalismo: en la lógica de la Democracia Económica no se trata tanto de corregir el mercado desde fuera, desde el Estado, como de modificar su naturaleza desde dentro, aprovechando la capacidad de la sociedad civil para promover experiencias económicas alternativas. Sigamos, para profundizar en esta idea, con los cinco puntos finales del “decálogo”:

6. Una vez “detectadas” aquellas realidades que tienen afinidad con la Democracia Económica, en tanto que propuesta teórica, se explora si pueden ser reconocidas como embriones de un futuro e hipotético sistema de mercado socialista. Si para identificar estas experiencias –cooperativismo, sindicalismo, banca ética, consumo responsable- se utilizó la Democracia Económica como “radar”, para analizar su potencial de alternativa se la utiliza como “horizonte ideal”. Así, el libro dedica un espacio a la comparación sistemática de estas experiencias con el sistema actual, por un lado, y con el socialismo de mercado, por el otro, para visualizar hasta qué punto están “a mitad de camino” entre estos dos sistemas, hasta que punto se trata de realidades ya parcialmente post-capitalistas.

7. A continuación, se plantea la integración de estas experiencias alternativas en una misma red coherente y unificada: lo que se conoce como mercado social. El balance social -entendido como un aquella radiografía que nos permite conocer el grado de adecuación de las empresas, de las inversiones o de los productos que consumimos a unos determinados principios y indicadores- aparece, en este sentido, como el instrumento clave para posibilitar esta integración.

8. Luego, hay que diseñar una estrategia de consolidación y crecimiento de este mercado social. Para ello, el libro se pregunta qué manera pueden coexistir en una misma economía de mercado el mercado capitalista y el mercado social, y estudia posibles políticas públicas de impulso y promoción del mercado social.

9. Antes de acabar, se enmarca la Democracia Económica en un abanico más amplio de alternativas, identificables con el movimiento altermundialista: la lucha contra la pobreza del Sur, la regulación democrática de comercio y los mercados financieros mundiales, la renta básica, el ecologismo, la democracia participativa, etc. La Democracia Económica seria, así enmarcada, una pieza clave y nuclear, pero una más, de un mosaico de propuestas que desde el altermundialismo se vienen debatiendo desde hace ya una década.

10. En el epílogo, se intenta que el lector tome conciencia de que el socialismo del cual se habla en este libro pretende ser un nuevo tipo de socialismo: un “socialismo de los ciudadanos”, creado y construido desde la sociedad civil. El socialismo del siglo XX –ya sea el comunismo soviético o el Welfare europeo- fue fundamentalmente estatalista: era el Estado la instancia privilegiada desde la cual rectificar, parcial o totalmente, el capitalismo. Este socialismo ya ha dado probablemente todos sus frutos, que han sido muchos. La tesis final del libro, pues, es ésta: el socialismo –entendido como la voluntad de superar el capitalismo, en la medida en que ésta es una condición necesaria para alcanzar una sociedad justa- tendrá una segunda oportunidad en el siglo XXI a condición de que sea realizado por la gente. Pero no la gente aislada, sino organizada, en red, a través de la sociedad civil. Porque el Estado puede corregir el mercado desde fuera del propio mercado, pero la sociedad civil puede infiltrar-se en el mercado y transformarlo desde dentro. La segunda estrategia, pareciendo más frágil, tiene más recorrido que la primera.

Probablemente, algunos lectores encontraran que se trata de un libro demasiado utópico: ¡se habla de superar el capitalismo! Otros, demasiado pragmático: al fin y al cabo, todo se concreta en una estrategia para hacer crecer el mercado social. ¡Nada muy nuevo! Si produce estas dos reacciones, habrá conseguido su objetivo.

01 juliol, 2009

La Democracia Económica. ¿Hacia una alternativa al capitalismo? (1)

Publicado en El Ciervo, junio del 2009

La mayor crisis del capitalismo desde la Segunda Guerra Mundial, la primera desde que el mundo vive en una economía globalizada, es a ojos de muchos más que una crisis financiera y más que una grave o muy grave crisis económica: ¿estamos ante una crisis de valores, una crisis cultural, una crisis de sistema social en su conjunto? ¿Estamos pasando una página de la historia económica o estamos cerrando un capítulo entero?

La crisis ha reabierto el debate –tan viejo y tan nuevo- sobre la posibilidad y/o la necesidad de encontrar alternativas económicas al capitalismo en tanto que sistema económico. Alternativas nuevas. Mucho antes de que el neoliberalismo entrase en implosión, un grupo de personas procedentes de la teoría (de la academia) y de la práctica (de la economía social), empezó a trabajar en un libro dedicado a la exploración de modelos económicos y experiencias de producción, consumo y finanzas no capitalistas. Cinco años después, este trabajo ha visto la luz, bajo el título “Democracia económica. Hacia una alternativa al capitalismo”. Se trata de un voluminoso libro colectivo, de cuatrocientas páginas largas y más de veinte autores, que aparece sin duda en el momento más oportuno posible.

El texto (editado, por ahora, en catalán) se propone diez objetivos. Hoy explicaremos los cinco primeros. En la próxima “Vuelta” vendrá el resto:

1. Edificar sobre nuevas bases filosóficas la crítica al capitalismo. Porque la crítica tradicional (basada en el marxismo clásico) ya dio de sí, a lo largo del siglo XX, todo lo que podía dar. Para ello, se recurre a las mejores teorías de la justicia que proporciona la filosofía política de las últimas décadas: el liberalismo igualitarista de Rawls, el marxismo analítico (post-rawlsiano) de Cohen y el republicanismo.

2. Demostrar de manera detallada por qué y en qué sentido se puede decir que las desigualdades inherentes al capitalismo son injustas. Las teorías de la justicia nos permiten concluir que son fundamentalmente dos: el desigual acceso a los medios de producción que se genera en los mercados financieros (una injusticia “absoluta”) y la desigualdad en la distribución salarial que se genera en los mercados de trabajo (una injusticia “relativa”). Además, las empresas capitalistas son espacios de dominación, carentes de legitimación democrática.

3. Averiguar si el capitalismo social del Estado del bienestar también suspende o bien aprueba ante el tribunal de las teorías de la justicia. Sin duda, el Estado del bienestar reduce en mucho las desigualdades propias del capitalismo. Pero aun así, la filosofía política contemporánea permite decir de manera fundada que no cumple -ni difícilmente podrá nunca cumplir- con los principios de justicia.

4. Explorar alguna de las propuestas de sistemas económicos alternativos que, desde el mundo académico, vienen haciendo desde hace décadas destacados politólogos, filósofos y economistas. Concretamente, en el libro se presenta la propuesta de socialismo de mercado que, con el nombre de Democracia Económica, ha desarrollado el norteamericano David Schweickart. Un modelo económico viable que, a priori, satisface de manera mucho más cabal que el capitalismo social las exigencias de las teorías de la justicia.

5. Sin embargo, las propuestas teóricas son esto: teóricas. Por esto, el libro propone hacer un salto sin red a la realidad. Así, en un primer momento el libro no presenta la Democracia Económica tanto como un horizonte hacia el que hay que transitar, sino que la utiliza como un “radar” desde el cual detectar aquellas experiencias, prácticas y organizaciones económicas reales, que estén ya hoy funcionando de manera más o menos exitosa, y que tengan un grado de afinidad suficiente con esta propuesta de sistema económico alternativo. ¿Cuáles son estos posibles embriones de un hipotético socialismo de mercado? El libro responde: las cooperativas, el sindicalismo, en la medida en que sea un instrumento de democratización de las empresas, la banca ética y el consumo responsable (basado en instrumentos todavía por explorar a fondo, como las etiquetas sociales).

25 maig, 2009

Democràcia Econòmica. Vers una alternativa al capitalisme

Democràcia Econòmica. Vers una alternativa al capitalisme. Aquest és el títol d’un llibre coral, escrit a partir de moltes veus, que feia anys que s’està cuinant però que el destí ha volgut que aparegui en el moment més oportú, i que té 10 propòsits:

1. Bastir la crítica al capitalisme sobre noves bases filosòfiques, donat que les tradicionals ja havien donat de sí tot el què podien. Per això, acudint a la filosofia política de les darreres dècades, la conclusió que el capitalisme és injust es fonamenta a partir de la teoria de la justícia liberal igualitària (Rawls), del marxisme analític post-rawlsià (Cohen) o del republicanisme (i la seva teoria de la dominació).

2. Demostrar de manera detallada i rigorosa per què i en quin sentit es pot dir que les desigualtats estructurals del capitalisme són injustes. Dues són les fonamentals: la desigualtat que generen els mercats financers en l’accés als mitjans de producció (desigualtat “absoluta”); i la desigualtat que generen els mercat de treball per mitjà de la distribució salarial (desigualtat “relativa”). civil).


3. Esbrinar si el capitalisme de l’Estat del benestar, que és indubtablement la versió més igualitària del capitalisme, aprova o suspèn davant del tribunal de les teories de la justícia. Tot i que es tracta del sistema socioeconòmic més just de tots aquells que han existit, no es pot dir que sigui suficientment just.

4. Proposar sistemes econòmics alternatius, que compleixin de manera cabal amb els principis de justícia. En aquest sentit, el llibre presenta la Democràcia Econòmica (DE) de l’economista David Schweickart: un sistema de socialisme de mercat més igualitari que el capitalisme actual, tan o més eficient i viable.

5. Utilitzar la DE com a radar a partir del qual detectar aquelles experiències ja reals, existents, que tenen afinitat amb aquest model. Se’n detecten quatre: el cooperativisme, el sindicalisme com a instrument de democratització de l’empresa, la banca ètica i el consum responsable (basat en l’etiqueta social).

6. Explorar si aquestes realitats poden ser embrions d’un futur i hipotètic socialisme de mercat. En aquest sentit, el llibre intenta comparar cadascuna d’aquestes realitats alternatives amb el sistema actual, per una banda, i la DE per l’altra.


7. Plantejar la integració de totes aquestes realitats en una xarxa integrada, coherent i unificada: el mercat social. En aquest sentit, el balanç social apareix com un instrument necessari per possibilitar aquesta integració.

8. Posar sobre la taula una estratègia de consolidació i creixement del mercat social. En aquest sentit, per una banda, s’analitza de quina manera en una mateixa economia de mercat poden coexistir el capitalisme social i el mercat social; i per l’altra, s’estudien possibles polítiques públiques d’impuls i promoció del mercat social.

9. Emmarcar la DE en un ventall d’alternatives més ampli: altermundialisme, renda bàsica, ecologisme, democràcia participativa, etc.


10. Prendre consciència que el socialisme del qual es parla en aquest llibre és un socialisme dels ciutadans, creat i promogut des de la societat civil. El socialisme de segle XX ha estat molt estatalista -tant el comunisme com la socialdemocràcia- i ja ha donat tot allò que podia donar de sí. El socialisme -entès en tota la radicalitat de la paraula, és a dir, com la voluntat de construir un sistema econòmic no capitalista, com a condició de la construcció d’una societat justa- en el segle XXI tindrà una segona o
portunitat a condició que sigui un socialisme fet des de la gent, no des de l’Estat. Però no la gent aïllada, sinó la gent organitzada, en xarxa. L’Estat pot limitar i corregir els efectes del mercat des de fora; la societat civil pot infiltrar-se en el mercat i transformar la seva naturalesa des de dins. Per això, el socialisme dels ciutadans pot arribar on no va arribar el socialisme del segle XX: pot arribar a complir el vell somni de superar plenament el capitalisme.

Un moment de la meva intervenció durant l'acte de presentació del llibre

Probablement, alguns lectors trobaran aquest llibre massa utòpic: s’hi parla de superar el capitalisme! D’altres, massa pragmàtic: al capdavall tot queda concretat en una estratègia per fer créixer el mercat social. Res gaire nou! Si és així, haurà aconseguit el seu objectiu.


Més informació del llibre

18 maig, 2009

"Democràcia econòmica: vers una alternativa al capitalisme"

Enllaç a la invitació pdf

05 maig, 2009

La paradoja europea del año 2009

Articulo publicado en El Ciervo, mayo del 2009

A raíz de la crisis que asola el capitalismo mundial, la más grave desde la Segunda Guerra Mundial, un tópico está en boca de todos: como consecuencia de este cataclismo económico es necesario transitar, lo más rápidamente posible, del paradigma neoliberal a un nuevo paradigma que podemos llamar de “neokeynesiano global”.

El debate económico –que, al fin y al cabo, no es más que el debate sobre qué tipo de pacto social deseamos, es decir, en qué tipo de sociedad queremos vivir- se traduce, a menudo, en conflicto geopolítico. Durante el siglo XX, la pugna entre el sistema de mercado capitalista y el socialismo de planificación central acabó por cristalizar en un enfrentamiento geográfico entre Este y Oeste, los Estados Unidos y la Unión Soviética. Cuando el comunismo estatalista implosionó, el debate económico se trasladó al dilema entre dos opciones distintas de capitalismo: la neoliberal, sin apenas Estado, redistribución, ni garantías sociales, o el capitalismo social con Estado del bienestar. También en este caso, la confrontación económica se tradujo en un dialéctica geopolítica: mientras los EEUU se supone la patria del neoliberalismo –malgré Bill Clinton-, Europa representaría el capitalismo socialdemócrata –malgré Tony Blair.

Así, la representación más pura del paradigma neoliberal sería la derecha estadounidense –los republicanos, con sus Bush y sus Greenspan-, mientras que la encarnación más legítima del capitalismo social pertenecería a la izquierda europea. ¿Quien sino las socialdemocracias europeas pueden erigirse en máximas depositarias de la tradición que conjuga Estado y mercado, prosperidad y redistribución, eficiencia productiva y derechos sociales?.

El mundo, este año 2009, está virando desde el modelo “americano” al modelo “europeo”. Con algunas salvedades respecto del Estado del bienestar clásico: hoy vivimos en una economía globalizada, cuyo fundamento material son las tecnologías del conocimiento; donde las economías emergentes –China, Brasil, India, etc.- son locomotoras de los mercados mundiales tan o más importantes que los países de la OCDE; y donde la transición a una economía verde es un imperativo ineludible, además de una oportunidad para la innovación tecnológica -y, en consecuencia, para salir de la crisis.

Matices a parte, estamos en pleno viraje. Sin ir más lejos, Obama, ese hombre que entusiasma el planeta, no hace más que “copiar” el paradigma europeo. En política interior, intenta desarrollar los flancos más débiles de su minimísimo Estado del bienestar: regular Wall Street, reducir las desigualdades salariales, levantar una sanidad pública, devolver un papel a los sindicatos, etc. Y en política exterior, se apunta al discurso geopolítico que Europa defiende desde el fin de la guerra fría: el multilateralismo cooperativo, renunciando a cualquier tentación de unilateralismo imperialista. Muy bien.

Vayamos el G-20, celebrado en Londres a principios de abril. Todos los pasos allí dados también confirman el viraje: se decidió reforzar financieramente el FMI, fundamentalmente para ayudar los países emergentes y en desarrollo; se acordó la regulación y el control de los mercados financieros, hedge funds y agencias de rating incluidos; se resolvió dar la batalla para acabar con los paraísos fiscales; y se dispuso relanzar las negociaciones para impulsar el comercio mundial, entre muchas otras medidas ¿Acaso la democratización del FMI a favor de los países del Sur, la abolición del secreto bancario, el fin del proteccionismo comercial de los países ricos o la regulación estricta de las finanzas globales, no han sido en tiempos recientes reivindicaciones de una parte del centro-izquierda europeo, por no hablar del mismísimo movimiento antiglobalización?

¿Cuál es, pues, la paradoja europea del año 2009? Muy simple: precisamente cuando el mundo se dirige hacia el modelo social y económico que la izquierda europea se supone que representa mejor que nadie en el mundo, ésta se encuentra en sus horas más bajas desde hace décadas. Vean sino el resultado que obtendrán los partidos socialistas europeos en las próximas elecciones al Parlamento de Bruselas. ¿Por qué cuando el mundo vira hacia “Europa”, Europa se aleja de sí misma? ¿Qué nos está pasando?

07 abril, 2009

Sin “gobierno económico europeo” no hay salida sólida ante la crisis (1)

Article publicat a El Ciervo l’abril del 2009

El primer ministro chino, Wen Jiabao, declaraba hace a penas unas semanas: "en este momento difícil, el coraje y la confianza son más importantes que el oro y la moneda." Se refería, por supuesto, a la crisis económico-financiera mundial, la más grave desde la II Guerra Mundial. Sin duda, tenía más razón que un santo.

Obama en su primer presupuesto ha lanzado un valiente plan de estímulo del sector productivo, a base de rebajas fiscales y aumento del gasto público. Tiene pendiente de concretar, todavía, un verdadero plan de rescate del sector financiero, que muy probablemente acabará suponiendo la nacionalización temporal de los bancos más importantes de los EEUU. Pero, en cualquier caso, dispone de algo que vale tanto o más que los miles de millones de dólares que valen estos dos planes: dispone de liderazgo. Junto a sus medidas económicas está en condiciones de ofrecer un horizonte comprensible, así como los instrumentos y la voluntad para alcanzarlo. En una palabra, por ahora tiene capacidad para inspirar confianza. Y esto es clave para que sus planes de rescate y de estímulo surtan algún efecto. El oro, sin la confianza, apenas vale nada.

Si la máxima del premier chino es cierta, entonces la Unión Europea tiene un problema considerable, por no decir grave. ¿Dónde está, en Europa, el liderazgo? No olvidemos que, en momentos de grave crisis económica –ergo, crisis social- el liderazgo sólo puede proceder de la política. ¿Qué político o políticos europeos están en condiciones de proporcionar la confianza necesaria para que los planes europeos de recuperación del sistema financiero y económico den el resultado esperado?

En realidad, la hoja de servicios de Europa ante la crisis actual no es mala. Para valorarla adecuadamente, recordemos esta historia de todos conocida: una crisis financiera de proporciones inconmensurables originada en los EEUU se extiende a escala internacional y acaba provocando una sequía general en el crédito que frena en seco la actividad productiva, primero en los países de la OCDE y luego, en cadena, en el resto de las economías mundiales. Para salir de la recesión es necesario, pues, actuar en tres frentes a la vez. En primer lugar, reactivar el crédito. En segundo lugar, reactivar la actividad productiva. En tercer lugar, cambiar las reglas del juego del sistema financiero internacional para que no se vuelva a producir otra crisis similar en el futuro.

En los tres frentes, la actuación europea ha sido razonable. Sarkozy fue el promotor de la cumbre de Washington donde se adquirió el compromiso de regular en serio el sistema financiero internacional. Gordon Brown fue el inspirador de los planes de rescate de la banca que evitaron, en el momento más crítico, el colapso completo de las finanzas globales -obligando a rectificar la estrategia que inicialmente habían diseñado los norteamericanos-. En cuanto al estímulo del sistema productivo, se puede decir que los países europeos, gracias a sus sistemas de bienestar, tienen un plan “natural” de reactivación económica, los llamados “estabilizadores automáticos” -subsidios de paro y demás prestaciones que mantienen la demanda y el consumo en momentos de crisis.

Pero no es suficiente. Hay que ir más allá en cada uno de estos frentes. Lo cual requeriría un liderazgo político muy sólido. Pero en una Unión a 27 esto es imposible sin una estructura federal, es decir, sin un verdadero “gobierno económico europeo”. Lo señalaba en un artículo reciente Paul Krugman: “Europa no tiene esa clase de instituciones de alcance continental necesarias para lidiar una crisis de alcance continental”. Así, en el caso de la UE, la falta de un auténtico liderazgo político tiene un doble efecto pernicioso: por un lado, impide que se tomen medidas con suficiente ambición y, por el otro, impide que las medidas tomadas sean respaldadas por la necesaria confianza en sus responsables políticos. ¿Será capaz Europa de sacar la lección necesaria? Continuaremos el mes que viene.