03 de gener, 2009

Amb Palestina al cor (1/5)

La tragèdia de Gaza em porta a canviar els plans per al blog. A finals de desembre vaig anunciar una sèrie de cinc articles sobre el tema de l’homosexualitat i el cristianisme -dels quals ja vam publicar el primer, el dia 22-. Tanmateix, amb el permís dels lectors, la deixaré per més endavant (pel febrer).

L’any passat vaig tenir la fortuna de viatjar en vàries ocasions i fer alguna estada relativament llarga a Palestina, a la banda de Cisjordània. Palestina és la gran vergonya del món, des de fa dècades, i és, sobretot, la gran vergonya d’Occident i molt especialment d’Europa. Era, fins avui, una mena de camp de concentració gegant, a l’aire lliure, amb el permís i la complicitat de tota la comunitat internacional.

Un lloc on l’Estat ocupant ha imposat un apartheid que deixa curt en molts aspectes el de Sudàfrica.
Des de fa una setmana és, a més, un immens paredó on cada dia són executades per l’aviació israeliana desenes de víctimes innocents, una massacre que el món presencia mig impassible i mig impotent, i que no pot sinó despertar la ira, el menyspreu i la indignació de qualsevol persona, societat o Estat que no vulgui perdre la seva dignitat.

Arran de la meva estada a Palestina, vaig fer una sèrie de set articles per “El Ciervo” sobre les perspectives de la pau a Palestina. Ara farà un any, el gener i febrer passats, vaig publicar al blog els dos primers. Però per no saturar els lectors sobre aquest tema, vaig renunciar a penjar els altres cinc. Tanmateix, aquests són els articles que crec que aporten les claus més útils per a analitzar la situació actual. Per aquest motiu, els recupero i avui penjo el primer. Cada divendres de gener aniré publicant la resta.


Sigui aquesta una més, de les moltes maneres possibles, de mostrar que portem Palestina –i sobretot les seves víc
times- al cor. Prou bombardejos a Gaza! Treva unilateral immediata per part de l’atacant.

“Un Estado securitario no quiere la paz”

Article publicat a “El Ciervo” el maig del 2008

El pasado 16 de abril fue un día sangriento en Gaza. Por la mañana, el ejército israelí fue a detener a un dirigente de Hamás. Los milicianos de la organización islamista intentaron impedirlo con misiles antitanque, lo cual provocó la intervención de la fuerza aérea. En el combate, murieron cuatro milicianos de Hamás y tres soldados israelíes. Como medida de castigo, por la tarde aviones y tanques bombardearon un campo de refugiados de la franja: murieron al menos 18 civiles palestinos, entre ellos mujeres y niños. También un joven periodista de la agencia Reuters, de quien todos hemos podido ver sus últimas imágenes: un tanque que apunta a su coche, perfectamente identificable como prensa, y dispara el proyectil que lo carbonizó.

En nuestra “Vuelta” de febrero decíamos
que Israel había matado a cuatro palestinos por cada cohete lanzado desde Gaza a la zona de Sderot. En abril, la proporción es de seis civiles por cada soldado israelí muerto en combate. Lo único que no cambia es el silencio de los dirigentes políticos occidentales.

En marzo, tuve la inestimable ocasión de conversar largamente con Amira Hass, un valiente exponente del grupo de intelectuales israelíes opuestos a la ocupación. Es periodista y escribe en Haaretz, el periódico de la izquierda pacifista. Que haya en la sociedad israelí un fuerte activismo anti-ocupación es una de las pruebas de que la razón moral, en este conflicto, está de una parte. Que se sepa, no existen palestinos partidarios de la ocupación, y en cambio sí existen israelíes contrarios a ella. No puede haber mejor manera de testificar que, en esta tierra más mortificada que santa, la neutralidad y la equidistancia no valen.

Cuando uno oye los razonamientos de Amira, confirma una intuición evidente: la paz en Oriente Medio sólo puede llegar de la mano de los israelíes contrarios a la ocupación y de los palestinos que condenan el terrorismo. Los segundos son minoría en Israel. Los primeros, por ahora, siguen siendo mayoría en Palestina.

Comenta Amira: “El proceso de paz de Anápolis es un gran engaño publicitario. No es ni ‘proceso’ ni ‘paz’. Israel no tiene ninguna intención de lograr la paz, desde hace mucho tiempo. Se trata de un Estado securitario, y un Estado así, por definición, no quiere la paz”. Le pedimos a Amira que nos aclare mejor su concepto. Un Estado securitario, viene a decir, se fundamenta sobre la seguridad como mito y como ideología. La seguridad es su objetivo pero, sobre todo, es la fuente de la que se alimentan muchos intereses políticos, financieros, industriales, etc. Hay demasiada gente que vive de esto, como para que Israel renuncie a la seguridad como razón principal de su existencia como Estado.

“Normalmente pensamos que el verdadero objetivo de Israel es la expansión territorial. Pero nos equivocamos completamente –nos explica-. No está el conflicto al servicio de la ocupación, sino la ocupación al servicio del conflicto. Los asentamientos no son el fin de la ocupación, sino el medio que permite mantener la herida abierta con los palestinos.” Su análisis prosigue implacable: “El objetivo es impedir la solución de los dos Estados, precisamente porque se trata de la solución avalada por la comunidad internacional. Sin esta solución, es imposible una paz estable. Y lo que busca mi Estado, por desgracia, es impedir esta paz: porque con paz, toda la trama de intereses vinculada a la seguridad perdería su razón de ser y su poder actual. Esta trama es la que hoy manda en Israel. Además, este modelo de Estado securitario le permite a Israel tener una posición hegemónica en Occidente, en un momento histórico en que Occidente está obsesionado con la seguridad.”

La dureza de sus palabras no invita al optimismo, al menos a corto plazo. Pero en todos los conflictos la esperanza siempre empieza cuando alguien que proviene del lado agresor es capaz de reconocer la verdad y decirla.